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miércoles, 22 de mayo de 2019

1969: el clima previo del Cordobazo en la FCEN


"Mayo de 1969 fue el mes clave. Las manifestaciones en Corrientes contra el aumento de los precios del comedor estudiantil fueron re­primidas y el 15 de mayo cayó baleado el estudiante Juan José Cabral. En Rosario durante los actos de repudio murieron Adolfo Bello y Luis Blanco, lo que desencadenó el “Rosariazo”. Al mismo tiempo en el nú­cleo industrial moderno de Córdoba se venían desarrollando conflictos gremiales encabezados por sindicatos combativos. La indignación por los sucesos de Corrientes y Rosario potenció la protesta y produjo, el 29 y 30 de mayo, el Cordobazo, el mayor levantamiento urbano de la Argentina moderna.

"En la UBA las movilizaciones fueron mucho menores, aunque se incrementó la participación del estudiantado. El 22 de mayo la Guardia de Infantería ingresó al Pabellón 1, convocada por las autoridades, para disolver una asamblea en el Aula 8. Desde la puerta trasera fueron disparadas granadas de gas. Los estudiantes escaparon hacia la estre­cha puerta de acceso de profesores. En la estampida varios debieron llevar en andas al profesor Orlando Villamayor, jefe del DM que estaba exhortando a los estudiantes a levantar la asamblea (Carnota, 2015).

"El Cordobazo dañó seriamente la imagen de orden y autoridad de Onganía y provocó la salida de Krieger Vasena. Un año más tarde, luego del secuestro y muerte del Gral. Aramburu, primera acción pú­blica de Montoneros, las FF.AA. lo reemplazaron por el Gral. Roberto Levingston.

"Mientras tanto y pese al perfil “aperturista” del nuevo ministro de Educación Dardo Pérez Guilhou, el nombramiento como rector de la UBA de Andrés Santas, identificado con la represión y el limitacio­nismo, en julio de 1969, no alentó expectativas de cambios (Primera Plana, 27/7 al 4/8/1969:12) En la FCEN asumió Raúl Zardini, de fluidos nexos con sectores de las FF.AA. y del Gobierno Nacional, quien dirigió la Facultad hasta inicios de 1973, para luego retornar con la “Misión Ivanissevich” en 1974."

Tomado de Historia de la FAcultad de Ciencias Exactas y Naturales, Díaz de Guijarro, Baña, Borches, Carnota.


miércoles, 3 de abril de 2019

Zardini en retroceso, el comienzo del fin

Vestíbulo de entrada del Pabellón 1 durante la toma de abril de 1972. Sobre la pared se lee “Fuera Zardini de la Facultad”

La Noche de los Bastones Largos permitió el acceso al poder del geólogo Raúl Zardini, primero como secretario del decanato de Bernabé Quartino, y luego directamente como decano, cargo que volvió a ocupar en 1974, durante la llamada Mision Ivanisevich, después de la muerte del Presidente Juan Perón.

Pero al inicio de 1972, el ciclo dictatorial iniciado por Onganía mostraba un marcado desgaste que tuvo ecos en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA 

"El clima político en la Facultad se tensó ya desde inicios de 1972.
El detonante fueron los concursos de docentes auxiliares del Departamento de Matemática. Ante sospechas de discriminación política en perjuicio de varios aspirantes, un gran número de estos presentó una nota cuestionando el resultado. Al mismo tiempo se realizaron acciones de protesta dentro de la Facultad.

"Zardini reaccionó anunciando a la prensa la cesantía de los sesenta y siete firmantes de la nota. Ese mismo día una asamblea decidió la toma de la Facultad. Zardini en respuesta dispuso su cierre
y entonces se constituyó una coordinadora estudiantil-docente que sostuvo el funcionamiento de los cursos los días siguientes (Política Obrera, 26/4/1972: 7).
Finalmente el propio Consejo Asesor desautorizó al decano, pues no solo no concretó las cesantías sino que aceptó constituir una comisión de profesores plenarios para evaluar el concurso cuestionado
(Exp. FCEN 422885). Este episodio dejó establecidas las bases de un “poder paralelo” estudiantil-docente y dio impulso a la constitución del cuerpo de delegados de cursos.

"A lo largo del año los conflictos en los cursos no cesaron. En octubre los alumnos de Química Orgánica II realizaron una prolongada huelga por un petitorio de diez puntos reclamando diversas
medidas de transparencia en la toma y corrección de exámenes. En una actitud muy propia de su estilo, el decano Zardini envió una carta a los padres de los estudiantes informándoles que sus hijos estaban haciendo huelga y que sus pedidos “significarían destruir el sistema de enseñanza que impera en esta casa de estudios”, advirtiendo que plantear reclamos a los que no es posible acceder es “una vieja táctica del comunismo internacional” (Exp. FCEN 425333/1972).

"A la par de la actividad política, los estudiantes organizaban eventos culturales masivos dentro de la Facultad, entre ellos presentaciones de grupos musicales como Manal y Almendra.
"El año 1972 fue también el de la unificación del movimiento estudiantil. El cuerpo de delegados convocó a elecciones del Centro de Estudiantes de Ciencias Exactas y Naturales (CECEN), superando, a la vez, la tradicional división por carreras y los conflictos entre tendencias políticas de los años previos.

"El CECEN quedó así constituido, aún en una situación de semilegalidad, a fines de 1972".


Tomado de Historia de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.  Eduardo Díaz de Guijarro,  Beatriz Baña, Carlos Borches y Raúl Carnota.  Eudeba 2015



jueves, 15 de junio de 2017

La juventud se levanta contra los fariseos de la Reforma


El 15 de junio de 1918 los profesores de la Universidad de Córdoba se reunieron para elegir rector de acuerdo a un mecanismo novedoso impuesto por una larga lucha del movimiento estudiantil.

Todo parecía marchar tal como lo reclamaban los estudiantes reformistas cuando una maniobra de los profesores conservadores estuvo a punto de consagrar su candidato. La reacción estudiantil fue enérgica: asaltaron la sala y nuevamente se hicieron del control de la Universidad.  “De nuevo luchamos contra las camarillas ensoberbecidas. La Juventud se levanta contra los fariseos de la Reforma (…) ni amenazas ni apremios han de dominarnos porque trabajamos para el bien de la Patria” 

Unos días después aparecía el Manifiesto Liminar que durante décadas fue la proclama de los universitarios latinoamericanos comunicando al mundo la vocación revolucionaria de la juventud americana.

Manifiesto Liminar

La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América
Manifiesto de la Federación Universitaria de Córdoba - 1918

Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resulto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.

La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta, porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y porque era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contra-revolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.

Nuestro régimen universitario -aún el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de Autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios, no solo puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia misma de los estudios. La autoridad en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: Enseñando. Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario, pero no a una labor de Ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclama el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de Ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.
Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de Autoridad que en estas Casas es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa-dignidad y la falsa-competencia.

Ahora advertimos que la reciente reforma, sinceramente liberal, aportada a la Universidad de Córdoba por el Dr. José Nicolás Matienzo, sólo ha venido a probar que el mal era más afligente de los que imaginábamos y que los antiguos privilegios disimulaban un estado de avanzada descomposición. La reforma Matienzo no ha inaugurado una democracia universitaria; ha sancionado el predominio de una casta de profesores. Los intereses creados en torno de los mediocres han encontrado en ella un inesperado apoyo. Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de una orden que no discutimos, pero que nada tiene que hacer con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo; la redención espiritual de las juventudes americanas nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son -y dolorosas- de todo el continente. Que en nuestro país una ley -se dice- la de Avellaneda, se opone a nuestros anhelos. Pues a reformar la ley, que nuestra salud moral los está exigiendo.

La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se equivoca nunca en la elección de sus propios maestros. Ante los jóvenes no se hace mérito adulando o comprando. Hay que dejar que ellos mismos elijan sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones. En adelante solo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verdaderos constructores de alma, los creadores de verdad, de belleza y de bien.

La juventud universitaria de Córdoba cree que ha llegado la hora de plantear este grave problema a la consideración del país y de sus hombres representativos.

Los sucesos acaecidos recientemente en la Universidad de Córdoba, con motivo de elección rectoral, aclara singularmente nuestra razón en la manera de apreciar el conflicto universitario. La Federación Universitaria de Córdoba cree que debe hacer conocer al país y América las circunstancia de orden moral y jurídico que invalidan el acto electoral verificado el 15 de junio. El confesar los ideales y principios que mueven a la juventud en esta hora única de su vida, quiere referir las aspectos locales del conflicto y levantar bien alta la llama que está quemando el viejo reducto de la opresión clerical. En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desordenes; se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente. Referiremos los sucesos para que se vea  cuanta vergüenza nos sacó a la cara la cobardía y la perfidia de los reaccionarios. Los actos de violencia, de los cuales nos responsabilizamos íntegramente, se cumplían como en el ejercicio de puras ideas. Volteamos lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas. Aquellos representan también la medida de nuestra indignación en presencia de la miseria moral, de la simulación y del engaño artero que pretendía filtrarse con las apariencias de la legalidad. El sentido moral estaba oscurecido en las clases dirigentes por un fariseísmo tradicional y por una pavorosa indigencia de ideales.

El espectáculo que ofrecía la Asamblea Universitaria era repugnante. Grupos de amorales deseosos de captarse la buena voluntad del futuro rector exploraban los contornos en el primer escrutinio, par inclinarse luego al bando que parecía asegurar el triunfo, sin recordar la adhesión públicamente empeñada, en el compromiso de honor contraído por los intereses de la Universidad. Otros -los más- en nombre del sentimiento religioso y bajo la advocación de la Compañía de Jesús, exhortaban a la traición y al pronunciamiento subalterno. (¡Curiosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad! ¡Religión para vencidos o para esclavos!). Se había obtenido una reforma liberal mediante el sacrificio heroico de una juventud. Se creía haber conquistado una garantía y de la garantía se apoderaban los únicos enemigos de la reforma. En la sombra los jesuitas habían preparado el triunfo de una profunda inmoralidad. Consentirla habría comportado otra traición. A la burla respondimos con la revolución. La mayoría expresaba la suma de represión, de la ignorancia y del vicio. Entonces dimos la única lección que cumplía y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical.
La sanción moral es nuestra. El derecho también. Aquellos pudieron obtener la sanción jurídica, empotrarse en la Ley. No se lo permitimos. Antes de que la iniquidad fuera un acto jurídico, irrevocable y completo, nos apoderamos del Salón de Actos y arrojamos a la canalla, solo entonces amedrentada, a la vera de los claustros. Que es cierto, lo patentiza el hecho de haber, a continuación, sesionada en el propio Salón de Actos de la Federación Universitaria y de haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre rectoral, la declaración de la huelga indefinida.
 En efecto, los estatutos reformados disponen que la elección de rector terminará en una sola sesión, proclamándose inmediatamente el resultado, previa lectura de cada una de las boletas y aprobación del acta respectiva. Afirmamos sin temor de ser rectificados, que las boletas no fueron leídas, que el acta no fue aprobada, que el rector no fue proclamado, y que, por consiguiente, para la ley, aún no existe rector de esta universidad.

La juventud Universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de "hoy par ti, mañana para mí", corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener  a la Universidad apartada de la Ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición interminable de viejos textos, amparaban  el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la Ciencia. Fue entonces cuando la oscura Universidad Mediterránea cerró sus puertas a Ferri, a Ferrero, a Palacios y a otros, ante el temor de que fuera perturbada su plácida ignorancia. Hicimos entonces una santa revolución y el régimen cayó a nuestros golpes.

Creímos honradamente que nuestro esfuerzo había creado algo nuevo, que por lo menos la elevación de nuestros ideales merecía algún respeto. Asombrados, contemplamos entonces cómo se coaligaban para arrebatar nuestra conquista los más crudos reaccionarios.

 No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa, no al juego de intereses egoístas. A ellos se nos quiere sacrificar. El que se titula rector de la Universidad de San Carlos ha dicho su primera palabra: "prefiero antes de renunciar que quede el tendal de cadáveres de los estudiantes". Palabras llenas de piedad y amor, de respeto reverencioso a la disciplina; palabras dignas del jefe de una casa de altos estudios. No invoca ideales ni propósitos de acción cultural. Se siente custodiado por la fuerza y se alza soberbio y amenazador. ¡Armoniosa lección que acaba de dar a la juventud el primer ciudadano de una democracia Universitaria!. Recojamos la lección, compañero de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de la autoridad universitaria, tiránica y obcecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión.

La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio de los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.

La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su Federación, saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia.

21 de junio de 1918

Enrique F. Barros, Horacio Valdés, Ismael C. Bordabehere, presidente. Gurmensindo Sayago, Alfredo Castellanos, Luis M. Méndez, Jorge L. Bazante, Ceferino Garzón Maceda, Julio Molina, Carlos Suárez Pinto, Emilio R. Biagosch, Angel J. Nigro, Natalio J. Saibene, Antonio Medina Allende, Ernesto Garzón.

Para una aproximación a los sucesos de la reforma se puede consultar La Ménsula Nro 5
http://digital.bl.fcen.uba.ar/Download/002_LaMensula/002_LaMensula_005.pdf

lunes, 25 de julio de 2016

“Aquí termina una etapa”


A continuación presentamos el relato que hiciera el Prof. Rodolfo Busch sobre los sucesos conocidos como La Noche de los Bastones Largos, cuando la policía tomó por asalto la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (FCEyN-UBA), el 29 de julio de 1966.

Busch, Director del Departamento de Química Inorgánica, fue uno de los artífices del singular proceso de modernización que sufriera la FCEyN durante el decanato de Rolando García


“Aquí termina una etapa”

Por Rodolfo H. Busch


Viernes 29 de julio de 1966.

Griot me pidió ayuda para corregir exámenes escritos, entregándome los problemas dos y cinco. Son muchísimos, no ceo que tenga tiempo de corregir la mitad antes de las ocho. En el cuarto de al lado, Levitus está corrigiendo los suyos. De tanto en tanto, cambiamos impresiones.

A eso de las tres y media entra Silvana, pálida como un papel, corriendo y sin aliento.

- ¿Sabe algo de lo que pasó?

Detrás viene Ángel, más pálido todavía. Por un momento, pienso en un accidente, pero en seguida me aclara que ha sido intervenida la Universidad. Nadie sabe bien qué ocurre.
Parece que los interventores serían los propios decanos. Esto resulta tan ridículo que la sola idea es rechazada. Voy a ver al decano para salir de dudas. Sobre mi mesa quedan las pruebas escritas a medio corregir.

Bajo una, dos, tres escaleras. Pasillo, patio, escalera, pasillo, secretaría, decanato. El decano está rodeado por un grupo de profesores y graduados.

- Más respeto por el interventor –me recibe y estalla la carcajada general.

Pero la cosa es seria. García tampoco sabe que ocurre, pero no hay duda que el secretario de educación es un señor Gelly y Obes, especialista en museos, y que las universidades nacionales han sido intervenidas. García sale a buscar noticias al consejo superior.

Yo tengo problemas más inmediatos. El maldito pasaje a Resistencia para el lunes. Por supuesto, no podré ir, pero no me hace gracia perderlo. 
Llega el vicedecano y me pide que asista al juramento de dos egresados que nunca se preocuparon por el Diploma. Pero ahora quieren que lleve la firma del Decano y del Rector. Son Rita y el Gordo. Manuel me recomienda no bromear, es una ceremonia en serio. Juran. Nos abrazamos. Es, muy probablemente, el último juramento de la era autónoma. Manuel opina que habría que reunir al Consejo el sábado. Regresa García con el texto de la ley. Opina que no hay tiempo que perder, la reunión hay que hacerla esta noche o no se hará nunca. 

Se cita para las diez. Consigo mis pasajes, pero son más de las seis y Aerolíneas está cerrado. Paciencia. La griega se ofrece para cambiarlos mañana. Menos mal. Decido volver a Martínez a comer y regresar a las diez.

Llego exactamente sobre la hora. La facultad está llena. La sesión es breve pero solemne. La sala del Consejo está tan llena que no llego hasta mi asiento. Antes de comenzar reina un silencio impresionante. García informa sobre la ley y explica la posición del Rector, que ha decidido no aceptar las funciones de administrador, agregando que él tampoco acepta. Estallan aplausos, pero algunos aplauden llorando.

El vicedecano pide la palabra para comunicar que él tampoco se hará cargo. El profesor más antiguo, Dr. Zanetta, manifiesta su profunda fe democrática, su confianza en la actual estructura universitaria y agrega que él tampoco aceptará hacerse cargo de la facultad. Nuevos aplausos. Se propone adherir a la declaración del rector Fernández Long.

Se vota, resultando aprobado con una abstención, la del Sr. Magnou. Cabe aclarar que no estaban presentes todos los consejeros. Yo recuerdo a 14.

Durante los últimos minutos de la sesión, entraron varias veces las secretarias para informar al Dr. Romero de algo que lo inquietó, pero no se resolvió a interrumpir a García. Llegó a poner una mano sobre su brazo, pero el decano no reaccionó y Romero no llegó a decir nada. Probablemente fuera la noticia de que la Facultad estaba siendo rodeada por fuerzas de la policía. Antes de levantarse la sesión, el secretario presenta al Consejo su renuncia, que es aceptada. García opina que los alumnos deben retirarse con tranquilidad y que él y algunos consejeros nos quedaremos.

Se oyen altavoces que operan en la esquina de Alsina y Perú.

La policía ocupa la Faculad de Ciencias, por entonces ubicada en la Manzana de las Luces, en la calle Perú entre Alsina y Moreno (revista Así, 9 de agosto de 1966)


Imposible entender lo que dicen. El profesor Ambrose, del M.I.T., decide quedarse con nosotros. Lo invito a salir, explicándole lo que puede ocurrir. Me contestó:

- ¿Y Ud?
- Yo me quedo, soy profesor de esta Facultad.
- Y yo también –me dice en castellano- sólo me retiraría si mi presencia le costara alguna molestia adicional.
- No –le digo-al contrario.

Tampoco consigo persuadir a Chiqui Mercau, pero tengo éxito con Sara y Víctor. Sería una locura que se quedasen, después de la enfermedad de Víctor. Pero la ex consejera, que llegó hace dos días de Inglaterra, decide quedarse.

- Si vamos presos que vayamos por lo menos todos a la misma celda- me dice, pero su inquietud es evidente. Es inútil insistir, no quiere irse.  Se acercan Silvana y Susana. Silvana me abraza, trato de levantarles el ánimo con bromas. Susana se apoya en mi hombro y llora desconsoladamente. Pablo y el Toto se quedan.

Se oye ruido de madera al romperse y estampidos que parecen provenir del patio . Trato de distraer a la ex consejera con cuentos naúticos. Parece que en Beirut, donde trabaja, también se navega.

Se oyen gritos y una especie de ladridos, como órdenes ladradas. Empiezan a sentirse los gases lacrimógenos. Poco a poco, la atmósfera se vuelve irrespirable. La Beba me muestra la foto de su hijo de un año. Me invita a reunirme con ellos en Beirut. Instintivamente buscamos el aire libre de la salida. Las órdenes ladradas, gritos e insultos se oyen más claramente. Trato de proteger a la exconsejera, ya estamos entre policías armados hasta los dientes, con bastones y cascos, que golpean, gritan e insultan mientras nos arrean hasta el patio. En la escalera hacen zancadillas y aprovechan para golpear. Está oscuro y ha llovido. Tengo los ojos a la miseria. No se cómo no pierdo pie. Tienen apretujada a la gente, las manos en alto, contra la pared que da al subsuelo de genética. Debe haber de cuatro o cinco en fondo por un frente de 15 o 20.



Allí siguen los golpes y los insultos. Se oyen los golpes. “Qué mirás vos, hijo de puta”. Bastonazos a la cabeza. “al que apoye las manos en la pared le reviento los dedos”. Golpes, órdenes ladradas. “Más arriba las manos. Al primero que las baje lo bajamos, quiero ver sangre hoy”. “Matalo a ese hijo de puta. Terminalo” , “¿Están listos los pelotones de fusilamiento? “atorrantes, hijos de puta”. Alguien es perseguido por dos o tres. Golpes. Ladridos. “Matalo, quiero ver sangre”. Dónde andará la ex consejera. Dónde andará Simón. Parece que le pegan. Dónde andará Ambrose.

Alguien se cae. Es Jacovkis. “Levantate hijo de puta”.Patadas, “levántate te digo”. Golpes. Lo arrastran. No puedo girar la cabeza. Tengo dos o tres de estos degenerados justo a mi espalda. Cómo me pesan los brazos. ¿Hasta cuándo va a durar esto? “Más alto quiero ver los brazos”. Un mar de brazos trata de estirarse más. “Más arriba”. Golpes. ¿Si nos tiramos encima de ellos? ¿Somos más? Sería una masacre, con las manos limpias contra metralleta parece completamente estúpido, pero si nos quedamos aquí nos pueden masacrar impunemente.



Yo no sabia que el General Fonseca, Jefe de policía, estaba presenciando y dirigiendo la operación desde el monumento a Roca, ni sabía que a las once de la noche el General Señorans había ordenado tomar la facultad costase lo que costase. A estos brutos que ladran, patean, insultan y golpean, ¿los guardarán en jaulas? ¿Tendrán esposas, hijas, madres? Imposible. Ojalá Lucy se haya quedado en casa.

¿Cuánto va a durar esto? Ahora sacan a las chicas. Gritos. Golpes. Insultos. Qué bestias son. Hay una doble fila de policías con garrotes, con sus espaldas guardadas por otros armados de metralletas. No se dónde andará García. Van sacando a la gente de la pared, de a cinco o seis. Parece que hay que pasar entre la doble fila de bestias con palos.



Me toca a mi. Un empujón.” Vos debés tener experiencia en esto”. ¿Se creerán que somos alumnos crónicos? Otra patada. Un garrotazo, esta vez por la espalda. Adelante, otro garrotazo. Por ahora no lo siento. Cacheo. Buscan armas. No las hay. Tantean el encendedor . “¿Esto qué es? Epa” Me lo devuelven. Sigue el juego. Les gusta patear. Les gusta insultar. La cosa es no caerse. Pasamos por el aula magna. Siguen los golpes. Llego a la otra puerta. Sigue habiendo de estos hijos de puta en la bedelía, al pasillo de entrada. Último garrotazo. En la calle. Respiro. Policía de azul. Parece que aquí no pegan. Carlos Varsavsky está delante de mío. La sangre le gotea por las orejas, forma un mapa sobre su espalda. Tiene el impermeable empapado en sangre y un paraguas en la mano. Parece que está mareado.

Un estudiante se acerca al cordón de la vereda y vomita. 

Hay fotógrafos. Nos filman. Qué poca distancia nos separa de la libertad. Sólo una doble fila de canas. Pero más atrás están las ametralladoras. Intentar escapar sería una locura completa. Ahora se que el jefe de policía nos observaba con satisfacción. Somos los hijos de puta de la Facultad de Ciencias, apaleados, desalojados con gases lacrimógenos, insultados y aporreados por la más brutal de las tropas de choque, vergüenza de cualquier país civilizado. 

Y cargado de argentinidad, inspirado en los sueños de grandeza de nuestros próceres, con su mejor estilo de vida occidental y cristiano, nos observa el jefe de policía.

Que no se usen más polleras cortas, que no haya más carritos en la costanera, que haya luz en las boites, para que puedan distinguirse los sexos. El país será desarrollado. Se dará a los científicos el ambiente que requieran para trabajar. 

Ambiente que consiste en esto. Aporreados, con las manos en alto, con la cabeza ensangrentada, esperamos para ser trasladados a un carro celular.

Bueno, es todo.

Trepo al camión como puedo. Tiene un largo banco metálico a cada lado y está bastante lleno. Se levantan varios alumnos.

Me empujan con suavidad hasta dejarme sentado. A mi lado está el gordo Levitus. “¿Está herido Ud? “ no, creo que no mucho. Está Gey, alguien hace una broma. Esto está cada vez más lleno. Llega el chico que vomitó.

-Ahora estoy bien-dice-no se preocupen.

No hay mucho aire que digamos. Comienza el viaje. Parece que vamos al puerto. ¿Adónde iremos? Poco a poco se confirma. Al puerto. ¿Para qué? Se siente cuando cuzamos las vías de los ramales del ferrocarril. Pero no, vamos a la 22. 

Comenzamos a bajar. Mientras miro pensando donde saltar, me siento levantado por varios brazos de alumnos que me depositan sobre los adoquines, afrontando las iras policiales.

Pero no pasa nada. Nueva revisación por armas. Avanzamos tres metros. Otra revisación. A la celda. Varsavsky a la enfermería. Wexler a la enfermería. La celda tendrá unos 5 o 4 metros, con un excusado al lado y muy poca ventilación. Tiene un banco de piedra a lo largo de la pared.



Será para 4 personas pero somos 30 o 40. Viene un oficial a identificarnos. Empieza por Ambrose. No se entienden. Trato de actuar de intérprete. El oficial se asombra.

-¿Quién es este señor?
-Es un profesor contratado norteamericano.
-¿Cómo? ¿Hay profesores aquí? ¿Usted es profesor?
- Sí, somos varios. También está el secretario de la Facultad de Ciencias.

Prosigue la identificación. Subrayan los nombres de los profesores. Entretanto, hasta fumamos. Me acerco a Ambrose.

-Me avergüenza que esto pase en mi país -le digo.
-Sí, dice-cuándo estábamos contra la pared yo pensaba en Vietnam.

Varios alumnos escuchan en silencio.

Está Gustavo y resulta que tiene un hermano que también está aquí. El oficial termina la lista y nos cuenta a ver si falta alguno. No, está completa. Antes de salir, nos recomienda amablemente que no fumemos.

-Yo entiendo de celdas y cárceles más que ustedes-dice-esta celda es chica, si fuman se van a asfixiar.

La pesada puerta se cierra. Estamos presos. Me siento al lado de Ambrose, que se esfuerza por disculpar al jefe de su departamento por no haberse quedado a sufrir el castigo.

-Es un hombre muy enfermo-me dice.
-Claro, ya lo se bien, contesto. Además no estoy muy convencido que sea muy razonable hacerse golpear.

Los muchachos, entre tanto, ya están organizados. Gustavo dormita, la espalda apoyada contra la pared. Otros dos han producido un enorme bolso de papel lleno de bollitos. No comprendo de dónde lo habrán sacado ni cómo llegó hasta la celda. O si lo tenían consigo desde antes, previsoramente, defendiéndolo todo el tiempo. Como Carlos a su paraguas. Pero esta es otra historia. Los de los bollos han extendido un papel de diario en el piso y vuelcan el bolso.

Ahora, entre grandes manoseos, los cuentan y los vuelven al bolso.

- Uno entre cada dos, sentencian y parten a hacer la rueda de presos con su tesoro. Me tocaría uno a medias con Ambrose.

Confieso que no siento hambre y un poco de asco. Quedo bien diciendo, no gracias. No tengo sed. Pero tengo una gran tristeza que de tanto en tanto me sube a la garganta, como una marea.

Pero los estudiantes no me dejan en paz:

- Doctor, ¿Quiere un diario para sentarse encima? Es más calentito.
-No, no, estoy bien así, gracias.
- Doctor, ¿Qué le parece si dirige un seminario de química?
- No, química no. Hay algunos no químicos aquí. ¿por qué no discutimos la enseñanza de las ciencias básicas a nivel secundario? Así podemos intervenir todos.
-Bueno, bueno.

Entusiasmo general. Se juntan varios muchachos y quieren comenzar ya, a las dos o tres de la mañana. Ahora hay toda una fila de muchachos sentados en el suelo, con las piernas recogidas y la espalda apoyada en el de atrás. La fila da vuelta a la celda.

Pero vuelve el oficial, no me acuerdo para qué. He descubierto que tengo un dolor en el costado izquierdo que me empieza a molestar. Otra vez quedamos solos. Ambrose dormita. Está conforme consigo mismo. Había oído hablar mucho sobre Latinoamérica, me dice, pero mejor es vivirlas. Resultó valiente el yanqui este. Valiente y leal. Además, me gustó mucho la actitud de los muchachos cuando mencionó a Vietnam. Nadie dijo nada. No quisieron herirlo. Los “activistas” guardaron un respetuoso silencio, ante un ser humano que decía su sufrimiento. 

También recordé los gestos cariñosos con que me ayudaron a bajar del camión. En realidad, me bajaron en brazos, innecesariamente, desde luego, pero el gesto de protección y de cariño hacia un hombre mayor que ellos se siente. 

Hay mil detalles insignificantes que muestran el clima de comprensión y de amistad en el que hemos vivido. Molidos a palos, en una celda, los profesores siguen siendo profesores y sobre todo, todos seres humanos.

Hay una comisión que está preparando una lista de nombres y de teléfonos en la hipótesis de que Ambrose saldrá pronto y podrá avisar dónde estamos. Ambrose recibe la lista, pero está muy preocupado porque no sabe como se las va a arreglar con la cuestión del idioma. No terminamos de discutir este punto cuando vuelve el oficial y lo llama a Ambrose, tal como estaba previsto. Volvemos a quedar encerrados y sigue la vida normal. Hay un muchacho que tiene un garrotazo en la cabeza que le cruza la frente. Se le ha formado un chichón impresionante. Parece que tuviera un chorizo pegado sobre las cejas. Pasa un rato largo hasta que vuelve el oficial y llama a Gneri, Romero, Busch, Jacovkis y Varsasky. Se consigue agregar a Grotewold, Levitus y Flichman, no sin esfuerzo y principalmente gracias a unas tarjetas de visita que saca a relucir el Arístides. Con todo, es bueno caer preso en compañía de la autoridad. El secretario confirma con su habitual énfasis la condición de profesor de Juan y conseguimos calmar la ira del Gordo para que no nos complique más. 

"García (izq)  no se salvó de las pateaduras ni de los bastonazos, pero salió en libertad poco después de alcanzar la calle" (en la foto con los responsables del operativo policial)


Hay un señor que fue preso por marido y papá, pero que no tiene nada que ver con la facultad, como se apresuró a establecer. Pero siguió preso. A todos nos dio un poco de lástima. Fuimos a la guardia donde después de alguna espera procedieron a identificarnos. Nos reunimos de nuevo con Ambrose, quien tenía un aire muy cansado. Carlos tenía un vendaje impresionante en la cabeza. Una venda cono un turbante y otra que le cruza la cabeza y le toma el mentón, como usan algunas viejitas. Todavía no ha soltado su paraguas. 

La historia de su herida es bastante cómica.  Resulta que en un intervalo entre la doble fila de monstruos, o bateadores, como los bautizaron los muchachos, uno de los policías trató de apoderarse del paraguas y él, rápidamente, tiró del otro extremo con todas sus fuerzas. Pero se olvidó que el policía tenía en su mano derecha un hermoso garrote. El resultado fue que le cruzaron un par de palos en la cabeza.

- Pero no por eso solté el paraguas -dice Carlos- el paraguas sagrado.

De pronto, llegan Rolando y Giambiagi a la 22. García está como siempre.

- Soy el Decano de la Facultad de Ciencias, vengo a interesarme.
- Ya salen en libertad, lo interrumpe el oficial que está escribiendo nuestros nombres en un libro.

García no se salvó de las pateaduras ni de los bastonazos, pero salió en libertad poco después de alcanzar la calle.  Allí se encontró con Giambiagi que se salvó de todo por casualidad. Al terminar la sesión del consejo, salió a la calle, charlando con alguien. Cuando quiso volver, para participar del cambio de opiniones que se estaba desarrollando en el decanato, se encontró con que la facultad estaba siendo rodeada por la policía y presenció toda la operación desde la vereda. Yo lo acusé, riendo, de azuzar a la policía y a los bateadores a que no tuvieran misericordia con nosotros, particularmente con sus enemigos hereditarios, Juan y Flichman. Es increíble que pocos minutos después de iniciado el trámite para quedar en libertad ya nos estuviéramos riendo, tratando de olvidar los momentos vividos tan poco antes. El oficial estaba interrogando a Ambrose.

- Soltero o casado?
- Soltero.
- es usted un hombre felíz, observó el oficial
- Sí. Siempre. Menos hoy, contestó Ambrose y se puso serio.

Dividimos la hoja de los teléfonos en cuatro y salimos a la calle. No se nos tomó declaración, no se nos procesó por nada, nunca estuvimos presos, nunca hemos sido apaleados. De acuerdo al comunicado del gobierno, sólo se trató de ciertos alumnos, los activistas de siempre, que obligaron a la policía a intervenir. A causa de esta intervención resultaron 14 ó 15 policías lesionados, internados en el hospital Churruca. Pobres. En este procedimiento, las únicas lesiones son las que se habrían hecho entre ellos, pero tampoco lo creo. Hay una versión según la cual algunos policías de civil que penetraron en la facultad fueron confundidos y apaleados. No lo creo. Si uno de ellos hubiese caído en la línea, no salía de allí así nomás. Creo que se trata de una mentira para hacer creer al público que los alumnos se habían apoderado de la facultad y atacaron a pedradas a la policía y los inocentes guardias de seguridad, obrando en defensa propia, los apalearon. Pero se trataba de alumnos activstas y no había allí ni graduados, ni consejeros, profesores o decanos. No estaba Ambrose. En cierta medida, no contaron con él. En la calle aparecen Herrera y el infatigable Batta. Ambrose se aleja a grandes zancadas hacia el centro, seguido por Jacovkis. García se queda con Castellanos para tramitar la libertad de los demás. 

Levitus, Grotewold y Flichman van a buscar el coche de éste, estacionado frente a la facultad, maldito sea. Voy con ellos. Mi costilla se queja, pero camino bien. Recorremos a pie las diez o doce cuadras. Son las tres de la mañana, Levitus y yo sugerimos que vaya Flichman solo a buscar el coche, no tenemos ganas de acercarnos a Perú. Pero vamos. Flichman se pone a limpiar el parabrisas e inicia diversos arreglos, estacionado frente a la Facultad. Los otros tres lo insultamos en todos los tonos para irnos de allí de una vez.

Arrancamos con el vidrio inmundo y con visibilidad casi nula, pero por fin nos alejamos y empezamos a recorrer la ciudad semidesierta, normal, en la cual parece no haber pasado nada. Lo llevamos al Gordo; Juan y yo nos tomamos el 60 en Plaza Italia. Este 60 está repleto, como siempre. A cualquier hora del día o de la noche. Ahora sí que mis costillas se quejan. Los barquinazos me resultan bastante dolorosos. Pero en el fondo es otro dolor que nos llena. Juan se pone a contar quién se va adónde.

- Parece que Trotman-Dickenson va a poder armar un grupo lindo en Aberystwyth. Eduardo también piensa ir allá.

Me imaagino a Trotman, veo a nuestra gente trabajando allí, no puedo soportarlo. Le pido a Juan que cambie de tema.  Pero no es tan fácil. He visto muy poca gente tan tozuda, como diría Giambiagi. Se baja en Vicente López y sigo solo. Son cerca de las cuatro. ¿ Qué hago al llegar a casa? Preferiría olvidarlo todo. No tener que revivirlo. No contar lo que pasó. Meterme en cama, dormir, olvidar. No ha pasado nada.

Pero ha pasado algo. Lo que se ha destruido en las últimas doce horas ya no podrá rehacerse más. Tardamos diez años en construir esta Facultad, costó muchos esfuerzos, muchos sacrificios y muchos millones de dólares. La gente joven nos apoyó con esperanza. Hemos podido avanzar durante uno, dos, tres años. Era cada vez menos difícil convencer a la gente. Pasamos la terrible inflación del 58, no se cómo. Pero perdimos alguna gente. Aguiló y Huguet, por ejemplo.

Superamos de alguna manera la dificultad de conseguir vivienda. Los muchachos consiguieron préstamos. Claro que no fue gratis. Se fueron Móttola, Mari, Toni y otros. Pero a pesar de todo, conseguimos seguir creciendo. Se armaron los grupos de investigación. Se consiguió el dinero para equipo. Se inauguró el primer edificio de la Ciudad Universitaria en Nuñez, para matemática y física. Nuestro prestigio fue creciendo. Volver al país era una cuestión de honor. La producción científica aumenta. Aumenta casi demasiado. El clima comienza a ser de una gran competencia. El gordo está en pleno boom. Publica, publica y publica. Toma sobre si la responsabilidad de cualitativa. Nos acusan de cientificistas.

Pudimos dictar cursos para profesores secundarios. Planeamos un Instituto Tecnológico para encarar el estudio de temas de interés nacional y para dar salida a nuestra producción de científicos. El edificio de química, en la ciudad universitaria, está a seis meses de su inauguración. Profesores visitantes de prestigio en el mundo, aceptan pasar largas temporadas con nosotros. No niego que yo mismo me asombré cuando Cotton aceptó venir por diez meses a Buenos Aires. Pero consultó con Maddock y vino. Y no se arrepintió, quería venir nuevamente, pero por un año entero. Comprendió nuestra lucha, comprendió con toda claridad en qué términos está planeada.

Bueno, así llegamos a 1966. Con las bases científicas y técnicas perfectamente establecidas para emprender la gran tarea de la segunda etapa: desarrollar la tecnología. Tenemos la gente, tenemos excelentes perspectivas de financiación, digo teníamos, teníamos.

Ahora Eduardo a Aberystwyth, el Gordo y todo su grupo a Chile, no se si volverá Leo, no hablemos de Guido, Negrotti, Razumney, Lugo, Mahoma y no sé cuántos más que están afuera. Los que están aquí se irán, los que están afuera no vuelven. Bueno. ¿Y el equipo? ¿Los cajones sin abrir que se van a amontonar en el pasillo?. Bueno ¿y Eudeba? En fin, aquí terminó una etapa, no sabemos qué pasará con la siguiente.

jueves, 4 de octubre de 2012

La FCEyN en el ´73

Tapa de la rev Antropología del tercer Mundo, 1973

¿Existe una forma radicalmente distinta de orientar la ciencia?  ¿Se puede dar un golpe de timón y poner la ciencia “al servicio del pueblo”?

Hace un tiempo,  Renato Dagnino daba cuenta de una estrategia distinta para la actividad científica

Proponía que todos los recursos de la ciencia se orientaran a la resolución de problemas urgentes. Seguía los caminos de Varsavsky quien alertaba  sobre el peligro del cientificismo, que según Varsavsky  " es la actitud del que, por progresar en esta carrera científica, olvida sus deberes sociales hacía su país y hacia los que saben menos que él."

Pero en 1973, en un clima de ideas que se permitió pensar una sociedad distinta, la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, que pasó a denominarse Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires (UNPBA) ensayó algunos cambios.

Para diseñar y llevar a cabo políticas que acercaran la ciencia a las necesidades sociales se creó la Secretaría de Investigación. Eran tiempos del rectorado de Rodolfo Puiggrós y el decanato de Miguel Ángel Virasoro.  

Siguiendo las ideas de Paulo Freire, se impulsaron innovaciones pedagógicas radicales. Dentro del aula había que volver a configurar los roles de estudiantes y docentes. 

La experiencia continuó con sobresaltos después de la renuncia de Cámpora, pero no sobrevivió a la muerte de Perón.  Llegó la intervención Ottalagano y con él, el geólogo Zardini retomó al decanato de la Facultad como ya lo había hecho en tiempos de Onganía y Lanusse. 

C.B.

La FCEyN en el ´73 es el tema que tratamos en el boletín del Programa de Historia de la FCEyN, qe se puede consultar en la Biblioteca Digital de la FCEyN