jueves, 31 de octubre de 2013

"Nada es veneno, todo es veneno. Al veneno no lo hace la sustancia sino la dosis", Paracelso

Se cree que nació un 1ro. de noviembre de 1493, en Suiza, pero algunas fuentes señalan que fue el 10 y otras el 11 de noviembre- Le pusieron por nombre  Theofrast Bombast von Hohenheim y no se conoce mucho sobre sus primeros años. Algunos dicen que estudió  medicina en la Universidad de Viena y otros en la de Ferrara. Una vez recibido, y como era costumbre entre los intelectuales europeos del Renacimiento, comenzó una serie de viajes de estudios por las principales universidades del continente, comprando libros y estudiando con los grandes maestros. 

Finalmente se estableció en Basilea, donde consiguió una cátedra para enseñar en la Universidad. Se interesó sobre todo en la mineralogía y sus aplicaciones alquímicas, llegando a dominar con gran destreza el preparado de fórmulas. Como parte del ritual alquímico, cambió su nombre por el de Paracelso, en homenaje al médico romano Celso Aulio Cornelio, conocido como el Cicerón de la medicina o el Hipócrates latino, autor de un compendio de medicina, titulado "De re médica".

En esa época, la filosofía, la alquimia y la teología constituían los fundamentos científicos médicos aceptados por la comunidad académica. Del mismo modo, los principales tratados de medicina procedían de los autores clásicos como Hipócrates, Galeno y Avicena, a los que von Hohenheim criticó enfáticamente.

En efecto, la creencia de los escolásticos, basados en los escritos del griego Galeno, suponían que las enfermedades eran producto del "desequilibrio de los humores corporales". De este modo, los tratamientos más frecuentes eran las sangrías y las purgas, a los que se les atribuía la facultad de purificar la sangre del paciente, supuestamente contaminada por el desequilibrio de los fluidos.


En sus escritos, Paracelso expone el concepto de la experiencia como vehículo de comprensión de los fenómenos, concibiendo al individuo como una porción del universo en la que confluyen todas las fuerzas elementales que en él operan. Según sus escritos, la medicina debía servirse de la filosofía, la astronomía, la religión y, sobre todo la alquimia, ya que si Dios había creado la enfermedad, también habría dispuesto el medicamento, siendo labor del alquimista su hallazgo.

Paracelso se ganó muchos enemigos entre las celebridades de la medicina al expresar sus teorías de que la enfermedad se producía por agentes externos al organismo. Con sus conocimientos de alquimia, desarrolló diversos medicamentos basados en compuestos minerales, a los que atribuía facultades para defender al cuerpo del agente extraño. 

De este modo, fundamentándose en los axiomas alquimistas, desechó la idea de los cuatro elementos y los cuatro humores orgánicos, y formuló una teoría dinámica del cuerpo humano. Sus tratamientos utilizaban las sustancias alquímicas tradicionales: el mercurio, el azufre, la sal y el
"arqueo" (una fuerza vital con la capacidad de "ordenar" el cuerpo), a los que usó con cierto grado de éxito para tratar la sífilis y el bocio. Sin embargo, sus colegas ejercieron la influencia suficiente para que fuera expulsado de la universidad.

A su muerte, en 1541, su obra apenas tuvo repercusión. Aunque en ellos habían elementos tomados de la magia, su discurso se mostraba en abierta rebelión contra los antiguos preceptos de la medicina, impulsando un método más “científico”, si se me permite el anacronismo. Pero unos treinta años después de la muerte de Paracelso, se inició en Alemania un movimiento paracelsista, que muy pronto se extendió a toda Europa. Sus obras fueron reeditadas varias veces, en alemán y latín, y más tarde fueron traducidas a otros idiomas. 

"Así como nadie puede conocer en un espejo su propia naturaleza y penetrar en aquello que es (puesto que en el espejo no es más que una imagen muerta), de igual modo el hombre no es nada en sí mismo y nada contiene en sí mismo sino aquello que se deriva del conocimiento exterior, de lo cual él es la imagen en el espejo. ¿No debe, pues, el médico impulsar más lejos y más a fondo su investigación, sin limitarse a contemplar en el espejo de su enfermo algo que habla sin que se comprenda nada, dado que aquello que el hombre dice, su voz y su lengua, son datos imprecisos? El médico debe conocer totalmente y con asiduidad el microcosmos mediante la intermediación de la naturaleza de la que aquel ha nacido" dice en su "Fragmenta Medica".

Daniel Comandé 
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jueves, 4 de octubre de 2012

La FCEyN en el ´73

Tapa de la rev Antropología del tercer Mundo, 1973

¿Existe una forma radicalmente distinta de orientar la ciencia?  ¿Se puede dar un golpe de timón y poner la ciencia “al servicio del pueblo”?

Hace un tiempo,  Renato Dagnino daba cuenta de una estrategia distinta para la actividad científica

Proponía que todos los recursos de la ciencia se orientaran a la resolución de problemas urgentes. Seguía los caminos de Varsavsky quien alertaba  sobre el peligro del cientificismo, que según Varsavsky  " es la actitud del que, por progresar en esta carrera científica, olvida sus deberes sociales hacía su país y hacia los que saben menos que él."

Pero en 1973, en un clima de ideas que se permitió pensar una sociedad distinta, la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, que pasó a denominarse Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires (UNPBA) ensayó algunos cambios.

Para diseñar y llevar a cabo políticas que acercaran la ciencia a las necesidades sociales se creó la Secretaría de Investigación. Eran tiempos del rectorado de Rodolfo Puiggrós y el decanato de Miguel Ángel Virasoro.  

Siguiendo las ideas de Paulo Freire, se impulsaron innovaciones pedagógicas radicales. Dentro del aula había que volver a configurar los roles de estudiantes y docentes. 

La experiencia continuó con sobresaltos después de la renuncia de Cámpora, pero no sobrevivió a la muerte de Perón.  Llegó la intervención Ottalagano y con él, el geólogo Zardini retomó al decanato de la Facultad como ya lo había hecho en tiempos de Onganía y Lanusse. 

C.B.

La FCEyN en el ´73 es el tema que tratamos en el boletín del Programa de Historia de la FCEyN, qe se puede consultar en la Biblioteca Digital de la FCEyN

viernes, 20 de julio de 2012

Marconi, famoso como Steve Jobs y además con un Nobel



El 20 de julio de 1937, la sorpresiva noticia de la muerte del Premio Nobel Guglielmo Marconi conmovió a millones de personas. Como muy pocos científicos y tecnólogos, Marconi alcanzó en vida el reconocimiento de los habitantes de un mundo que empezaba a vincularse por medio de las comunicaciones inalámbricas.

Guglielmo Marconi nació en Boloña, Italia, el 25 de abril de 1874. Hijo de un poderoso terrateniente de Bagni Porreta y una irlandesa que había viajado a Boloña para estudiar música, Guglielmo recibió una educación poco convencional: hablaba sin dificultad las lenguas de sus padres y su educación formal se limitó a algunos importantes institutos florentinos, a donde el joven Marconi acudía sólo a las materias que eran de su interés.

De hecho, los viajes a Florencia comenzaron siendo un imperativo familiar para escapar de los fríos inviernos de Boloña, pero le permitieron ponerse en contacto con ciertos problemas que cautivaron su atención.
Durante el siglo XIX los estudios sobre la electricidad, el magnetismo y el electromagnetismo habían convocado a teóricos como Maxwell o Hertz, a mentes experimentales como Faraday y a personalidades capaces de ver que se estaba cultivando una revolución tecnológica de la magnitud producida por las máquinas a vapor.

En 1844 Morse había desarrollado un lenguaje para aprovechar las señales eléctricas y en 1876 Bell había logrado trasmitir su voz por un conductor eléctrico. Cables y más cables unían a los centros económicamente desarrollados. Dos empresas competían por unir a New York con Londres, una cruzando el Atlántico con un cable submarino mientras que la otra buscaba un camino por tierra firme atravesando Europa, Siberia, un pequeño salto por el estrecho de Bering y de allí directo a New York. Cada nuevo desarrollo científico abría un sendero para la explotación comercial y generaba nuevos problemas científicos y tecnológicos que ponían a prueba el talento de esas generaciones que a finales del siglo buscaba comunicarse sin necesidad de cables.

En 1894 Marconi ha cumplido 20 años y lleva una vida plácida, con muchas inquietudes intelectuales y ninguna acreditación académica. En su confortable villa veraniega ha reproducido muchas de las experiencias que
ha leído y se dispone a llevar a cabo una demostración que lleva la marca de una nueva era: desde el tercer piso de la casa, sin que ningún conductor lo conectara con las instalaciones de la casa, hizo sonar el timbre que se encontraba en la puerta de entrada. Asombrado, papá Marconi respondió con un cheque de 5000 liras para apoyar a su hijo en la dirección emprendida.

Con la primavera de 1895 los Marconi volvieron a reunirse en el campo pero esta vez Guglielmo trajo importantes novedades. Alexandr Stepánovich Popov, un físico e ingeniero ruso que estudiaba la emisión natural de señales eléctricas en la atmósfera buscando una pista para predecir tormentas -trabajo con el cual se ganaba sus merecidos rublos en la armada del Zar- construyó un dispositivo que mejoraba la recepción de las señales electromagnéticas.

Con un oscilador como el desarrollado por Hertz y una antena de Popov y los aportes introducidos por el inglés Oliver Lodge y el francés Edouard Branly, quienes desarrollaron un detector de ondas llamado por entonces "cohesor", Marconi se dispuso a trasmitir señales más allá de los confines de su casa. A una distancia de dos kilómetros, colina mediante,
se instaló su hermano con un receptor, una pomposa antena y su fusil.
Desde la casa, Guglielmo emitió los tres puntos que en el código morse representan la letra "S" y esperó unos instantes. Los disparos del otro lado de la colina dieron cuenta del éxito de la prueba.

Sin embargo, ni los empresarios ni el gobierno italiano compartieron el entusiasmo de la familia Marconi y Guglielmo decidió trasladarse a Inglaterra donde en la aduana es demorado por los empleados que consideraron "peligrosos" a ese conjunto de objetos extraños (que otra cosa podían esperar los ingleses de un italiano de madre irlandesa ...)

En 1896, su aparato fue patentado en Inglaterra, con varias mejoras introducidas, que le permitieron ya de vuelta en Italia, establecer contacto con un buque de guerra, alejado más de diez millas de la costa.
Este fue el comienzo de una serie de mejoras introducidas a su diseño, que le permitieron, más tarde, llevar a cabo una comunicación radiotelegráfica entre Francia e Inglaterra y luego, enviar señales desde Europa a América.

Siempre atento a las novedades en el campo científico, Marconi impulsó permanentemente innovaciones tecnológicas en sus equipos logrando aumentar de a poco la distancia de la transmisión y la calidad de la recepción. Descubrió también, que si conectaba a tierra uno de los extremos del transmisor, y el otro extremo a una varilla larga, entonces las ondas parecían ser guiadas. Así luego pudo demostrar que la curvatura de la superficie terrestre no constituía ningún obstáculo para el nuevo telégrafo. También alcanzó transmisiones a distancias récord.

Para ese entonces, su invento había alcanzado tal grado de desarrollo, que ya estaba universalmente instituido como forma de comunicación en todos los barcos y para comunicación intercontinental. Para optimizar sus ganancias, fundó la empresa Marconi´s Wireless Telegraph and Signal Company Ltd.

La empresa contó permanentemente con financiamiento para investigaciones explorando senderos que luego estuvieron en el centro del desarrollo electrónico del siglo XX. En 1904 John Fleming, uno de los primeros colaboradores de Marconi en Inglaterra desarrolla la lámpara termoiónica que un par de años después Lee Forest, también de la Marconi´s Wireless, utilizará para su lámpara triódica, protagonista de los circuitos electróicos hasta la llegada de los semiconductores.

Marconi en Buenos Aires


Marconi en Caras y Caretas, 1910
En 1910, Buenos Aires recibía celebridades de todos los rincones
del mundo para el festejo del primer centenario de la Revolución de Mayo.

Por entonces Marconi ya era una celebridad indiscutida, una suerte de mago que había podido llevar los puntos y rayas del lenguaje Morse y luego la voz humana atravesando distancias impensadas. En 1909 recibió el
Premio Nobel de Física junto a Karl Braum, el inventor del osciloscopio, y una interminable lista de universidades competían por doctorarlo.

Asi fue que en septiembre de 1910, cuando Marconi llega al puerto porteño, es un acontecimiento de múltiples dimensiones. Marconi llegó acompañado de un equipo de colaboradores fuertemente pertrechado con las nuevas tecnologías. En el viaje no se privaron de otra demostración espectacular, de esas que siempre acompañaron a Marconi: desde el teatro neoyorquino donde cantaba el célebre tenor Enrico Caruso se trasmitió el concierto que pudieron escuchar la tripulación que marchaba a Buenos Aires.

Por cierto que las intenciones de Marconi no eran meramente protocolares. En 1908, en la localidad bonaerense de Bernal, se fundó la Compañía de Telegrafía Inalámbrica Marconi. Gerenciada por un grupo de conciudadanos del inventor, montaron dos enormes torres de 60 metros de altura, sin poder llegar a trasmitir atrapados en dificultades técnicas. Marconi llegó para darle personalmente un empujón a las comunicaciones en este rincón el planeta.

Tal como hicieron con las primeras pruebas, conectaron a un gigantesco barrilete utilizado como antena en la primera experiencia exitosa de comunicación que hizo Marconi desde Bernal "Los pasajeros del tren se aglomeraban junto a las ventanillas, fascinados por las evoluciones
de un enorme y extraño barrilete que lentamente ganaba altura desde unos elevados terrenos junto a las vías; contra lo que pudiera creerse, los niños miraban desde lejos y un grupo de hombres, comandaban y seguían los movimientos del ingenio volante -señala un cronista de la época-.
Paulatinamente, los habitantes de la zona se acercaban a presenciar el raro espectáculo sin comprender muy bien de qué se trataba... El barrilete llevaba en su cola algunos aparatos y además de su hilo de remontar, colgaban otros hilos y alambres... Alguien dijo que entre los hombres del barrilete había un joven científico italiano, que intentaba comunicarse con el resto del mundo usando sólo esas cajas y el barrilete. ¡Vaya el progreso!"

El éxito de la prueba, que constituyeron las primeras comunicaciones radiotelegráficas con Estados Unidos e Irlanda, conmovieron hasta la idolatría a la sociedad porteña. La influencia de Marconi y todo lo relacionado con él avanzaba, incluso, sobre el terreno culinario: cuando el Nobel italiano preguntó la razón de las "Chauchas a la Marconi"  que figuraban en la carta de un restaurante, la respuesta fue "que se trataba de chauchas sin hilos".

En años posteriores obtuvo numerosas patentes, basándose siempre en los mismos principios de las ondas electromagnéticas: un detector de campo magnético, una antena y un generador de ondas continuas. Además, comenzó a estudiar sistemáticamente las ondas cortas y su propagación. Con la llegada de la Gran Guerra, Marconi utilizó la onda corta para la transmisión de mensajes secretos.

Muy aficionado a las demostraciones espectaculares, en 1930 Marconi encendió las luces del Palacio de Justicia de Sydney mientras se encontraba en Génova, en su yate "Electra", que desde 1919 se había transformado en su principal residencia.

Para cuando falleció, el 20 de julio de 1937, en Roma, no solo era inmensamente rico, sino que además, tenía la certeza de que la capacidad transformadora de su obra revolucionaria no había concluido.

En 1999, su empresa estuvo a punto de rematar en una subasta pública el archivo personal de Marconi, que contenía apuntes, prototipos y otros documentos del inventor italiano. La empresa había llegado a un acuerdo con la más célebre y refinada casa de remates (Christie´s, de Londres), poniendo la base del remate en U$S 5 millones. Finalmente, se decidió donarlo al Museo de Ciencias británico, donde se conservan actualmente.


Carlos Borches





Marconi en el Río de la Plata



miércoles, 2 de noviembre de 2011

Sólo por diversión

Mi primera pasión es la astronomía, la segunda es la computación. Me defino como un computer freak, sin vergüenza. Y este año, que lamentamos la desaparición de un ícono como Steve Jobs (también perdimos a Dennis Ritchie hace unos días, claro que él despierta menos pasiones) también tiene mucho para celebrar.

Sólo por diversión, hace 20 años, un estudiante de computación de la Universidad de Tecnologia de Helsinki (hoy integrada a la Universidad Aalto) postaba un mensaje en USENET. El mensaje original decía lo siguiente:

Hello everybody out there using minix -

I'm doing a (free) operating system (just a hobby, won't be big and professional like gnu) for 386(486) AT clones. This has been brewing since april, and is starting to get ready. I'd like any feedback on things people like/dislike in minix, as my OS resembles it somewhat (same physical layout of the file-system (due to practical reasons) among other things).

I've currently ported bash(1.08) and gcc(1.40), and things seem to work. This implies that I'll get something practical within a few months, and I'd like to know what features most people would want. Any suggestions are welcome, but I won't promise I'll implement them :-)

Linus (torvalds@kruuna.helsinki.fi)

PS. Yes – it's free of any minix code, and it has a multi-threaded fs. It is NOT portable (uses 386 task switching etc), and it probably never will support anything other than AT-harddisks, as that's all I have :-(.
—Linus Torvalds
Era el 25 de agosto de 1991 y nacía oficialmente Linux. Inicialmente fue llamado Freax, pero posteriormente el administrador del servidor ftp donde el sistema estaba almacenado, lo cambió por Linux, nombre que el propio Linus había inventado pero que por modestia no quería hacer público. En realidad este nombre fue una indicación más del genio de Linus: la sustitución de la S por la X convierte su nombre en un anagrama de Unix a menos de la L inicial. Simple, fácil de recordar, lo asocia indeleblemente a su objetivo. En comparación otros U*X han sido llamados HP-UX, AIX, QNX...


Aquel pequeño puntapié inicial, un mensaje de 20 líneas perdido en el océano de la Usenet, no podía presagiar el Tsunami que vendría después. La importancia de Linux aumenta día a día, aunque muchos no lo perciban. Web sites, bases de datos, buscadores de Internet, smartphones... han adoptado al sistema operativo del pingüinito y la lista crece sin parar. Aunque no creo que nunca le arrebate el primer lugar a Windows, tampoco me parece importante. La revolución creada por aquel joven atrevido que sólo quería divertirse, ya le valió un lugar en el Olimpo de la Informática. Y vale la pena decir que no es apenas el desarrollo de un sistema operativo lo que le agradecemos, sino también haber confiado en una forma particular de desarrollar software, que algunos llaman de Open Source y que fue comparada a un bazaar. Como si esto no fuera suficiente, en los últimos años Linus desarrolló un programa de control de versiones, el git* que ya es un éxito entre programadores, aunque su uso no se circunscribe al ambiente informático.

Le debemos algo más: su sentido del humor (Just for Fun) símbolo de los geeks. Desde este blog levantamos una copa de moscato virtual por los 20 años del pingüino más famoso del mundo.


* Linus afirmó alguna vez que es una persona muy egoista y por eso llama a sus proyectos con su propio nombre, git en lunfardo británico significa estúpido.

† Quienes quieran conocer un poco más del humor de Linus, aquí está su blog personal: Linus' Blog.
Por otra parte, sé que en Argentina un pingüino vizco tiene una connotación muy particular alejada de la computación. Espero que nadie se sienta ofendido por decir que Linux es más famoso que el ex-presidente Nestor Kirschner. Son contextos diferentes.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Apuntes para una historia del CASLEO


Como ya ha sido comentado en este blog, la actividad astronómica en Argentina comenzó durante la colonia española. Pero creo no equivocarmen en decir que la astronomía profesional se inició durante la presidencia de Sarmiento. Nuestro primer observatorio, el Observatorio Nacional Argentino, fue fundado en 1871 por el presidente Domingo Faustino Sarmiento en la ciudad de Córdoba. Su primer director fue el astrónomo norteamericano Benjamin Apthorp Gould, quien produjo las primeras cartas celestes del Hemisferio Sur, siendo pionero en la utilización de la fotografía. Diez años después, en 1881, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Dardo Rocha, fundó el Observatorio de La Plata.

En 1942, se inauguró la Estación Astrofísica de Bosque Alegre, vinculada al Observatorio de Córdoba (ex Nacional): con un telescopio reflector de 1,54 m de diámetro era el mayor del hemisferio sur. Con ese instrumento, Enrique Gaviola, uno de sus más prestigiosos directores, realizó estudios que produjeron un gran impacto, sobre la nebulosa de η-Car (Eta Carinae. I. The Nebulosity y Eta Carinae. II. The Spectrum), uno de los objetos más estudiados del hemisferio sur.


Observatório Nacional Argentino (hoy Observatorio Astronómico de Córdoba) hacia 1874, poco después de su fundación. (tomado de Uranometria Argentina 2001)


Pero a mediados de la década del 50 el telescopio de Bosque Alegre era claramente insuficiente para las necesidades de una comunidad astronómica creciente y que producía trabajos de calidad internacional. Estudios hechos en La Plata hacia 1958 concluyeron que se debería construir un gran telescopio, gemelo del que se iría a instalar en Kitt-Peak (estado de Arizona, EEUU). Los norteamericanos cedieron los planos para construir un telescopio refelector de 2,15 m de abertura, incluyendo la cúpula y las máquinas para el figurado de los vidrios de la óptica mayor. Al mismo tiempo el Consejo de Rectores de Universidades Nacionales le daba todo el apoyo a la iniciativa astronómica nacional.

Este telescopio sería el mayor del hemisferio austral, lo que le daría una ventaja estratégica, ya que los objetos más interesantes de nuestra Galáxia están debajo del Ecuador (por ejemplo, las Nubes de Magallanes, o η-Car). De esta manera Argentina lograría ponerse al frente de la investigación astronómica no sólo de América del Sur, sino también de Australia y Sudáfrica y alcanzando niveles semejantes a los de EEUU y Europa.

La Universidad de La Plata adquirió en 1960 por 115.000 dólares, los vidrios de los espejos y gracias a un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) pagó 526.130 dólares a Boller & Chivens la construcción de la montura, y 105.000 dólares el debastado y pulimiento de los espejos.

Entre 1960 y 1967 se hizo la búsqueda del sitio donde sería emplazado el futuro observatorio. Se estudiaron distintos lugares en las provincias de San Luis, San Juan, Catamarca, La Rioja, Mendoza, Córdoba e incluso Buenos Aires. El lugar escogido finalmente fue una elevación a 2.500 m del nivel del mar, al este de la Cordillera de los Andes, casi frente al Mercedario, segundo pico de América, y al oeste de la Banda del Tontal, un cordón paralelo de menor altura (la precordillera). Cuatrocientos años atrás, este lugar le era entregado por una Cédula Real a García Hernández de Villanueva bajo el nombre de "Valle del Inca o del León, sito a la otra banda del Tontal". El león refería a nuestros felinos salvajes (pumas) que todavía asolan esa geografía, sin embargo todavía se discute el porqué del diminutivo: algunos creen que leoncito viene de la unión de las palabras leon y sito de la cédula real. Cientos de años después la región estaría en el centro de las guerras de la independencia: frente a ella se encuentra la entrada al histórico Paso de Los Patos, uno de los pocos portezuelos (cruces) de la Cordillea hacia Chile, y por el que el General San Martín atravesara en 1817 junto con parte del Ejército de Los Andes. Una tradición dice que San Martín acampó donde hoy pasa el camino hacia el Observatorio (cerca de la sede de Parques Nacionales y la escuelita rural) y durmió bajo un sauce que hasta hace pocos años aún verdecía.

La ubicación precisa del observatorio en la provincia de San Juan, es S31°47'57", W4h37m12s, a 240 km de la capital provincial y 35 km de la más próxima localidad de El Barreal, en el departamento de Calingasta. Hacia el sur, a 92 km por la ruta nacional 149 se encuentra Uspallata. En el movie de abajo, generado por medio de Google Earth pueden darse una idea de la ubicación del observatorio.
video

El telescopio llegó a La Plata en 1969 y quedó allí guardado por un largo tiempo a la espera de mejores tiempos. En 1973 durante una reunión de los representantes de los observatorios de La Plata, Córdoba y San Juan, junto con el recientemente creado Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE) se decidió crear un organismo nacional que concretara el proyecto gestionándose un proyecto de ley que impulsara la creación del observatorio. El proyecto de ley nunca prosperó. De nada sirvió la manifestación de la comunidad astronómica de que 2/5 de la obra había sido realizada y que el restante de la inversión era en moneda nacional. En 1977 la Secretaría de Ciencia y Técnica (hoy Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación) se reunió con los rectores de las universidades de Córdoba, San Juan y La Plata y firmaron un convenio para la prosecución de los trabajos. En junio de ese año el proyecto fue declarado de interés nacional y se llamó a licitación para la realización de las obras civiles. En 1978 y después de una paralización de 8 años, se retomaron las obras, sin embargo la empresa constructora quebró con un 30% del trabajo concluido.

El 10 de mayo de 1983 se creó el Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO) con los fines de "a) prestar servicios especializados para la realización de investigaciones en el campo de la astronomía y b) coordinar tareas de investigación destinadas a lograr el máximo aprovechamiento de su infraestructura observacional". También se nombró su primer director, el Dr. Hugo Orlando Levato. Las obras fueron retomadas en 1984, después de una batalla judicial que incluyó la desapropiación de la estancia y el conflicto con la empresa constructora.

Finalmente el 12 de septiembre de 1986, con la presencia de las autoridades nacionales y provinciales, se inauguró el observatorio, como ya hemos dado cuenta en otro post.



Sede provisoria del CASLEO, en la ciudad de San Juan (septiembre de 1986).

En 1993 El Leoncito pasó a ser una Reserva Estricta administrada por Parques Nacionales que posteriormente se convirtió en Parque Nacional. El telescopio original, el dosquince, fue bautizado Jorge Sahade, maestro de astrónomos argentinos e impulsor de la creación del observatorio. Otros instrumentos fueron instalados justificando el nombre de complejo, entre ellos un telescopio de 60 cm y otro de 40 cm. Desde 1989 funciona un Laboratorio de Heliofísica, que cuenta con instrumentos para observar la actividad solar y la ionósfera terrestre. El actual director del CASLEO es el Dr. Ricardo Gil-Hutton.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Posdata a "El Padre de la Astronomía..."

Posdata a la entrada "El Padre de la Astronomía Latinoamericana":

La siguiente es una fotografía tomada por el autor en el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia", el 10 de septiembre de 2011. (Con las disculpas debidas por la calidad de la fotografía.)


El texto, bajo el título Eclipse en un satélite de Júpiter, dice lo siguiente:

Las actas de la Real Sociedad de Ciencias de Upsala (1748) publicaron un artículo de Pehr Wargentin con observaciones sobre eclipses en el primer satélite de Júpiter. En la séptima columna se indica el lugar de observación. Allí, la referencia "Cofm." significa "Misión de San Cosme, Paraguay". El astrónomo sin nombre que había aportado los datos era el padre jesuita Buenaventura Suárez, nacido en Santa Fe, junto al río Paraná, en 1679.

G.P.

domingo, 11 de septiembre de 2011

El Leoncito, 25 años después

"Mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar" (Charly)

Una nota entre la historia y la anécdota, entre el pasado y el futuro.

No todos son malos recuerdos en septiembre. Hace 25 años, en 1986, por ejemplo, dos estudiantes de física de la Universidad de Buenos Aires, Guillermo Andrés Lemarchand y quien suscribe, nos embarćabamos el día 10 en un ómnibus con destino a la ciudad de San Juan. Después de pasar el día 11 (feriadísimo en la provincia cuna del más famoso educador argentino) visitando la ciudad, en la madrugada del día 12 tomamos otro ómnibus que nos llevaría hacia la precordillera de los Andes, al sitio conocido como Estancia El Leoncito donde sería inaugurado oficialmente el mayor observatorio astronómico del país con la presencia del presidente de la República, Raul R. Alfonsín, el secretario de Ciencia y Técnica, el matemático maestro de maestros Don Manuel Sadosky (que doctores son muchos, pero pocos tienen dones), autoridades provinciales, la comunidad astronómica argentina, y un grupo numeroso de estudiantes de todo el país. Hubo también una manifestación de docentes, que llevaron sus reclamos hasta el lugar.

Hubo Sol, hubo viento. Hubo bombos ahogados de los manifestantes. Hubo discursos, vino y empanadas. Eso fue el 12 de septiembre de 1986, hace exactos 25 años.

Veinticinco años es un buen número para hacer un balance. El Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO) continua siendo el mayor observatorio del país, por donde muchos estudiantes de astronomía han pasado para realizar sus primeras armas en la observación. Inicialmente contaba con el telescopio Jorge Sahade (JS o "el dos quince") de 2,15 m de apertura (diámetro). Hoy en día el JS tiene un detector CCD de 1340x1300 pixels, un espectrógrafo Echelle con R=12.500 y un fotopolarímetro. Además se instaló el telescopio Helen Sawyer Hogg (HSH) de 60 cm de apertura en el pico Burek y el Horacio Ghielmetti, un Schmidt de 40 cm de diámetro usado para búsqueda de planetas extrasolares.

En 1999 fue instalado el Solar Submillimeter Telescope (SST), único en el mundo, observa la actividad solar en 212 (1,4 mm) y 405 (0,7 mm) GHz. Entre muchos de los aportes que hizo, el más importante sin dudas fue el descubrimiento de una componente espectral nueva observada durante explosiones solares (flares). Junto con el SST fueron instalados otros instrumentos solares, como una cámara infra-roja (14 micrones), una cámara H-alfa y un espectrógrafo óptico. Además hay un receptor de VLF que estudia la ionósfera terrestre que es parte de la red SAVNET, un detector de rayos cósmicos y un medidor del campo eléctrico terrestre. A principios del mes de octubre de 2011, dos polarímetros solares en 45 y 90 GHz serán emplazados en El Leoncito para dar mayor cobertura espectral. Hay proyectos de poner instrumentos en frecuencias todavía más altas.


No hay dudas de que El Leoncito fue un agente importante en la formación de astrónomos en Argentina en los últimos 25 años. Además de los estudiantes de los tradicionales cursos de Córdoba y La Plata; la Universidad de San Juan abrió la carrera de Astronomía. Sus primeros graduados realizaron especializaciones en el exterior y ya están regresando a San Juan y Mendoza aumentando la capacidad científica del lugar.

En lo personal, desde aquel 12 de septiembre de 1986 quedé enamorado del Leoncito. Hice mi doctorado con observaciones del CASLEO y allí sentí la vocación observacional. Volví como posdoc en un tema diferente, y ahora voy regularmente como profesional. La foto que ilustra este post, es un pálido reflejo de la belleza del sitio. La figura del "dos quince" (el JS) se recorta en el fondo andino de nieves permanentes en que se destaca el pico Mercedario.

Pero lo que más rescato es a su gente, los ingenieros, los técnicos, el personal de apoyo con quienes viví muchas historias de alegrías y esperanzas y con quienes espero seguir compartiendo muchas luchas. Por una situación laboral, no pude ir personalmente a abrazarme con los auténticos protagonistas de esta historia en el día de la celebración. Levanto desde aquí una copa de vino virtual!

Y a los lectores de este blog, les agradezco la paciencia de leer estas memorias, tal vez demasiado nostálgicas y les prometo enviar un nuevo post contando la historia del CASLEO.