lunes, 25 de julio de 2016

“Aquí termina una etapa”


A continuación presentamos el relato que hiciera el Prof. Rodolfo Busch sobre los sucesos conocidos como La Noche de los Bastones Largos, cuando la policía tomó por asalto la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (FCEyN-UBA), el 29 de julio de 1966.

Busch, Director del Departamento de Química Inorgánica, fue uno de los artífices del singular proceso de modernización que sufriera la FCEyN durante el decanato de Rolando García


“Aquí termina una etapa”

Por Rodolfo H. Busch


Viernes 29 de julio de 1966.

Griot me pidió ayuda para corregir exámenes escritos, entregándome los problemas dos y cinco. Son muchísimos, no ceo que tenga tiempo de corregir la mitad antes de las ocho. En el cuarto de al lado, Levitus está corrigiendo los suyos. De tanto en tanto, cambiamos impresiones.

A eso de las tres y media entra Silvana, pálida como un papel, corriendo y sin aliento.

- ¿Sabe algo de lo que pasó?

Detrás viene Ángel, más pálido todavía. Por un momento, pienso en un accidente, pero en seguida me aclara que ha sido intervenida la Universidad. Nadie sabe bien qué ocurre.
Parece que los interventores serían los propios decanos. Esto resulta tan ridículo que la sola idea es rechazada. Voy a ver al decano para salir de dudas. Sobre mi mesa quedan las pruebas escritas a medio corregir.

Bajo una, dos, tres escaleras. Pasillo, patio, escalera, pasillo, secretaría, decanato. El decano está rodeado por un grupo de profesores y graduados.

- Más respeto por el interventor –me recibe y estalla la carcajada general.

Pero la cosa es seria. García tampoco sabe que ocurre, pero no hay duda que el secretario de educación es un señor Gelly y Obes, especialista en museos, y que las universidades nacionales han sido intervenidas. García sale a buscar noticias al consejo superior.

Yo tengo problemas más inmediatos. El maldito pasaje a Resistencia para el lunes. Por supuesto, no podré ir, pero no me hace gracia perderlo. 
Llega el vicedecano y me pide que asista al juramento de dos egresados que nunca se preocuparon por el Diploma. Pero ahora quieren que lleve la firma del Decano y del Rector. Son Rita y el Gordo. Manuel me recomienda no bromear, es una ceremonia en serio. Juran. Nos abrazamos. Es, muy probablemente, el último juramento de la era autónoma. Manuel opina que habría que reunir al Consejo el sábado. Regresa García con el texto de la ley. Opina que no hay tiempo que perder, la reunión hay que hacerla esta noche o no se hará nunca. 

Se cita para las diez. Consigo mis pasajes, pero son más de las seis y Aerolíneas está cerrado. Paciencia. La griega se ofrece para cambiarlos mañana. Menos mal. Decido volver a Martínez a comer y regresar a las diez.

Llego exactamente sobre la hora. La facultad está llena. La sesión es breve pero solemne. La sala del Consejo está tan llena que no llego hasta mi asiento. Antes de comenzar reina un silencio impresionante. García informa sobre la ley y explica la posición del Rector, que ha decidido no aceptar las funciones de administrador, agregando que él tampoco acepta. Estallan aplausos, pero algunos aplauden llorando.

El vicedecano pide la palabra para comunicar que él tampoco se hará cargo. El profesor más antiguo, Dr. Zanetta, manifiesta su profunda fe democrática, su confianza en la actual estructura universitaria y agrega que él tampoco aceptará hacerse cargo de la facultad. Nuevos aplausos. Se propone adherir a la declaración del rector Fernández Long.

Se vota, resultando aprobado con una abstención, la del Sr. Magnou. Cabe aclarar que no estaban presentes todos los consejeros. Yo recuerdo a 14.

Durante los últimos minutos de la sesión, entraron varias veces las secretarias para informar al Dr. Romero de algo que lo inquietó, pero no se resolvió a interrumpir a García. Llegó a poner una mano sobre su brazo, pero el decano no reaccionó y Romero no llegó a decir nada. Probablemente fuera la noticia de que la Facultad estaba siendo rodeada por fuerzas de la policía. Antes de levantarse la sesión, el secretario presenta al Consejo su renuncia, que es aceptada. García opina que los alumnos deben retirarse con tranquilidad y que él y algunos consejeros nos quedaremos.

Se oyen altavoces que operan en la esquina de Alsina y Perú.

La policía ocupa la Faculad de Ciencias, por entonces ubicada en la Manzana de las Luces, en la calle Perú entre Alsina y Moreno (revista Así, 9 de agosto de 1966)


Imposible entender lo que dicen. El profesor Ambrose, del M.I.T., decide quedarse con nosotros. Lo invito a salir, explicándole lo que puede ocurrir. Me contestó:

- ¿Y Ud?
- Yo me quedo, soy profesor de esta Facultad.
- Y yo también –me dice en castellano- sólo me retiraría si mi presencia le costara alguna molestia adicional.
- No –le digo-al contrario.

Tampoco consigo persuadir a Chiqui Mercau, pero tengo éxito con Sara y Víctor. Sería una locura que se quedasen, después de la enfermedad de Víctor. Pero la ex consejera, que llegó hace dos días de Inglaterra, decide quedarse.

- Si vamos presos que vayamos por lo menos todos a la misma celda- me dice, pero su inquietud es evidente. Es inútil insistir, no quiere irse.  Se acercan Silvana y Susana. Silvana me abraza, trato de levantarles el ánimo con bromas. Susana se apoya en mi hombro y llora desconsoladamente. Pablo y el Toto se quedan.

Se oye ruido de madera al romperse y estampidos que parecen provenir del patio . Trato de distraer a la ex consejera con cuentos naúticos. Parece que en Beirut, donde trabaja, también se navega.

Se oyen gritos y una especie de ladridos, como órdenes ladradas. Empiezan a sentirse los gases lacrimógenos. Poco a poco, la atmósfera se vuelve irrespirable. La Beba me muestra la foto de su hijo de un año. Me invita a reunirme con ellos en Beirut. Instintivamente buscamos el aire libre de la salida. Las órdenes ladradas, gritos e insultos se oyen más claramente. Trato de proteger a la exconsejera, ya estamos entre policías armados hasta los dientes, con bastones y cascos, que golpean, gritan e insultan mientras nos arrean hasta el patio. En la escalera hacen zancadillas y aprovechan para golpear. Está oscuro y ha llovido. Tengo los ojos a la miseria. No se cómo no pierdo pie. Tienen apretujada a la gente, las manos en alto, contra la pared que da al subsuelo de genética. Debe haber de cuatro o cinco en fondo por un frente de 15 o 20.



Allí siguen los golpes y los insultos. Se oyen los golpes. “Qué mirás vos, hijo de puta”. Bastonazos a la cabeza. “al que apoye las manos en la pared le reviento los dedos”. Golpes, órdenes ladradas. “Más arriba las manos. Al primero que las baje lo bajamos, quiero ver sangre hoy”. “Matalo a ese hijo de puta. Terminalo” , “¿Están listos los pelotones de fusilamiento? “atorrantes, hijos de puta”. Alguien es perseguido por dos o tres. Golpes. Ladridos. “Matalo, quiero ver sangre”. Dónde andará la ex consejera. Dónde andará Simón. Parece que le pegan. Dónde andará Ambrose.

Alguien se cae. Es Jacovkis. “Levantate hijo de puta”.Patadas, “levántate te digo”. Golpes. Lo arrastran. No puedo girar la cabeza. Tengo dos o tres de estos degenerados justo a mi espalda. Cómo me pesan los brazos. ¿Hasta cuándo va a durar esto? “Más alto quiero ver los brazos”. Un mar de brazos trata de estirarse más. “Más arriba”. Golpes. ¿Si nos tiramos encima de ellos? ¿Somos más? Sería una masacre, con las manos limpias contra metralleta parece completamente estúpido, pero si nos quedamos aquí nos pueden masacrar impunemente.



Yo no sabia que el General Fonseca, Jefe de policía, estaba presenciando y dirigiendo la operación desde el monumento a Roca, ni sabía que a las once de la noche el General Señorans había ordenado tomar la facultad costase lo que costase. A estos brutos que ladran, patean, insultan y golpean, ¿los guardarán en jaulas? ¿Tendrán esposas, hijas, madres? Imposible. Ojalá Lucy se haya quedado en casa.

¿Cuánto va a durar esto? Ahora sacan a las chicas. Gritos. Golpes. Insultos. Qué bestias son. Hay una doble fila de policías con garrotes, con sus espaldas guardadas por otros armados de metralletas. No se dónde andará García. Van sacando a la gente de la pared, de a cinco o seis. Parece que hay que pasar entre la doble fila de bestias con palos.



Me toca a mi. Un empujón.” Vos debés tener experiencia en esto”. ¿Se creerán que somos alumnos crónicos? Otra patada. Un garrotazo, esta vez por la espalda. Adelante, otro garrotazo. Por ahora no lo siento. Cacheo. Buscan armas. No las hay. Tantean el encendedor . “¿Esto qué es? Epa” Me lo devuelven. Sigue el juego. Les gusta patear. Les gusta insultar. La cosa es no caerse. Pasamos por el aula magna. Siguen los golpes. Llego a la otra puerta. Sigue habiendo de estos hijos de puta en la bedelía, al pasillo de entrada. Último garrotazo. En la calle. Respiro. Policía de azul. Parece que aquí no pegan. Carlos Varsavsky está delante de mío. La sangre le gotea por las orejas, forma un mapa sobre su espalda. Tiene el impermeable empapado en sangre y un paraguas en la mano. Parece que está mareado.

Un estudiante se acerca al cordón de la vereda y vomita. 

Hay fotógrafos. Nos filman. Qué poca distancia nos separa de la libertad. Sólo una doble fila de canas. Pero más atrás están las ametralladoras. Intentar escapar sería una locura completa. Ahora se que el jefe de policía nos observaba con satisfacción. Somos los hijos de puta de la Facultad de Ciencias, apaleados, desalojados con gases lacrimógenos, insultados y aporreados por la más brutal de las tropas de choque, vergüenza de cualquier país civilizado. 

Y cargado de argentinidad, inspirado en los sueños de grandeza de nuestros próceres, con su mejor estilo de vida occidental y cristiano, nos observa el jefe de policía.

Que no se usen más polleras cortas, que no haya más carritos en la costanera, que haya luz en las boites, para que puedan distinguirse los sexos. El país será desarrollado. Se dará a los científicos el ambiente que requieran para trabajar. 

Ambiente que consiste en esto. Aporreados, con las manos en alto, con la cabeza ensangrentada, esperamos para ser trasladados a un carro celular.

Bueno, es todo.

Trepo al camión como puedo. Tiene un largo banco metálico a cada lado y está bastante lleno. Se levantan varios alumnos.

Me empujan con suavidad hasta dejarme sentado. A mi lado está el gordo Levitus. “¿Está herido Ud? “ no, creo que no mucho. Está Gey, alguien hace una broma. Esto está cada vez más lleno. Llega el chico que vomitó.

-Ahora estoy bien-dice-no se preocupen.

No hay mucho aire que digamos. Comienza el viaje. Parece que vamos al puerto. ¿Adónde iremos? Poco a poco se confirma. Al puerto. ¿Para qué? Se siente cuando cuzamos las vías de los ramales del ferrocarril. Pero no, vamos a la 22. 

Comenzamos a bajar. Mientras miro pensando donde saltar, me siento levantado por varios brazos de alumnos que me depositan sobre los adoquines, afrontando las iras policiales.

Pero no pasa nada. Nueva revisación por armas. Avanzamos tres metros. Otra revisación. A la celda. Varsavsky a la enfermería. Wexler a la enfermería. La celda tendrá unos 5 o 4 metros, con un excusado al lado y muy poca ventilación. Tiene un banco de piedra a lo largo de la pared.



Será para 4 personas pero somos 30 o 40. Viene un oficial a identificarnos. Empieza por Ambrose. No se entienden. Trato de actuar de intérprete. El oficial se asombra.

-¿Quién es este señor?
-Es un profesor contratado norteamericano.
-¿Cómo? ¿Hay profesores aquí? ¿Usted es profesor?
- Sí, somos varios. También está el secretario de la Facultad de Ciencias.

Prosigue la identificación. Subrayan los nombres de los profesores. Entretanto, hasta fumamos. Me acerco a Ambrose.

-Me avergüenza que esto pase en mi país -le digo.
-Sí, dice-cuándo estábamos contra la pared yo pensaba en Vietnam.

Varios alumnos escuchan en silencio.

Está Gustavo y resulta que tiene un hermano que también está aquí. El oficial termina la lista y nos cuenta a ver si falta alguno. No, está completa. Antes de salir, nos recomienda amablemente que no fumemos.

-Yo entiendo de celdas y cárceles más que ustedes-dice-esta celda es chica, si fuman se van a asfixiar.

La pesada puerta se cierra. Estamos presos. Me siento al lado de Ambrose, que se esfuerza por disculpar al jefe de su departamento por no haberse quedado a sufrir el castigo.

-Es un hombre muy enfermo-me dice.
-Claro, ya lo se bien, contesto. Además no estoy muy convencido que sea muy razonable hacerse golpear.

Los muchachos, entre tanto, ya están organizados. Gustavo dormita, la espalda apoyada contra la pared. Otros dos han producido un enorme bolso de papel lleno de bollitos. No comprendo de dónde lo habrán sacado ni cómo llegó hasta la celda. O si lo tenían consigo desde antes, previsoramente, defendiéndolo todo el tiempo. Como Carlos a su paraguas. Pero esta es otra historia. Los de los bollos han extendido un papel de diario en el piso y vuelcan el bolso.

Ahora, entre grandes manoseos, los cuentan y los vuelven al bolso.

- Uno entre cada dos, sentencian y parten a hacer la rueda de presos con su tesoro. Me tocaría uno a medias con Ambrose.

Confieso que no siento hambre y un poco de asco. Quedo bien diciendo, no gracias. No tengo sed. Pero tengo una gran tristeza que de tanto en tanto me sube a la garganta, como una marea.

Pero los estudiantes no me dejan en paz:

- Doctor, ¿Quiere un diario para sentarse encima? Es más calentito.
-No, no, estoy bien así, gracias.
- Doctor, ¿Qué le parece si dirige un seminario de química?
- No, química no. Hay algunos no químicos aquí. ¿por qué no discutimos la enseñanza de las ciencias básicas a nivel secundario? Así podemos intervenir todos.
-Bueno, bueno.

Entusiasmo general. Se juntan varios muchachos y quieren comenzar ya, a las dos o tres de la mañana. Ahora hay toda una fila de muchachos sentados en el suelo, con las piernas recogidas y la espalda apoyada en el de atrás. La fila da vuelta a la celda.

Pero vuelve el oficial, no me acuerdo para qué. He descubierto que tengo un dolor en el costado izquierdo que me empieza a molestar. Otra vez quedamos solos. Ambrose dormita. Está conforme consigo mismo. Había oído hablar mucho sobre Latinoamérica, me dice, pero mejor es vivirlas. Resultó valiente el yanqui este. Valiente y leal. Además, me gustó mucho la actitud de los muchachos cuando mencionó a Vietnam. Nadie dijo nada. No quisieron herirlo. Los “activistas” guardaron un respetuoso silencio, ante un ser humano que decía su sufrimiento. 

También recordé los gestos cariñosos con que me ayudaron a bajar del camión. En realidad, me bajaron en brazos, innecesariamente, desde luego, pero el gesto de protección y de cariño hacia un hombre mayor que ellos se siente. 

Hay mil detalles insignificantes que muestran el clima de comprensión y de amistad en el que hemos vivido. Molidos a palos, en una celda, los profesores siguen siendo profesores y sobre todo, todos seres humanos.

Hay una comisión que está preparando una lista de nombres y de teléfonos en la hipótesis de que Ambrose saldrá pronto y podrá avisar dónde estamos. Ambrose recibe la lista, pero está muy preocupado porque no sabe como se las va a arreglar con la cuestión del idioma. No terminamos de discutir este punto cuando vuelve el oficial y lo llama a Ambrose, tal como estaba previsto. Volvemos a quedar encerrados y sigue la vida normal. Hay un muchacho que tiene un garrotazo en la cabeza que le cruza la frente. Se le ha formado un chichón impresionante. Parece que tuviera un chorizo pegado sobre las cejas. Pasa un rato largo hasta que vuelve el oficial y llama a Gneri, Romero, Busch, Jacovkis y Varsasky. Se consigue agregar a Grotewold, Levitus y Flichman, no sin esfuerzo y principalmente gracias a unas tarjetas de visita que saca a relucir el Arístides. Con todo, es bueno caer preso en compañía de la autoridad. El secretario confirma con su habitual énfasis la condición de profesor de Juan y conseguimos calmar la ira del Gordo para que no nos complique más. 

"García (izq)  no se salvó de las pateaduras ni de los bastonazos, pero salió en libertad poco después de alcanzar la calle" (en la foto con los responsables del operativo policial)


Hay un señor que fue preso por marido y papá, pero que no tiene nada que ver con la facultad, como se apresuró a establecer. Pero siguió preso. A todos nos dio un poco de lástima. Fuimos a la guardia donde después de alguna espera procedieron a identificarnos. Nos reunimos de nuevo con Ambrose, quien tenía un aire muy cansado. Carlos tenía un vendaje impresionante en la cabeza. Una venda cono un turbante y otra que le cruza la cabeza y le toma el mentón, como usan algunas viejitas. Todavía no ha soltado su paraguas. 

La historia de su herida es bastante cómica.  Resulta que en un intervalo entre la doble fila de monstruos, o bateadores, como los bautizaron los muchachos, uno de los policías trató de apoderarse del paraguas y él, rápidamente, tiró del otro extremo con todas sus fuerzas. Pero se olvidó que el policía tenía en su mano derecha un hermoso garrote. El resultado fue que le cruzaron un par de palos en la cabeza.

- Pero no por eso solté el paraguas -dice Carlos- el paraguas sagrado.

De pronto, llegan Rolando y Giambiagi a la 22. García está como siempre.

- Soy el Decano de la Facultad de Ciencias, vengo a interesarme.
- Ya salen en libertad, lo interrumpe el oficial que está escribiendo nuestros nombres en un libro.

García no se salvó de las pateaduras ni de los bastonazos, pero salió en libertad poco después de alcanzar la calle.  Allí se encontró con Giambiagi que se salvó de todo por casualidad. Al terminar la sesión del consejo, salió a la calle, charlando con alguien. Cuando quiso volver, para participar del cambio de opiniones que se estaba desarrollando en el decanato, se encontró con que la facultad estaba siendo rodeada por la policía y presenció toda la operación desde la vereda. Yo lo acusé, riendo, de azuzar a la policía y a los bateadores a que no tuvieran misericordia con nosotros, particularmente con sus enemigos hereditarios, Juan y Flichman. Es increíble que pocos minutos después de iniciado el trámite para quedar en libertad ya nos estuviéramos riendo, tratando de olvidar los momentos vividos tan poco antes. El oficial estaba interrogando a Ambrose.

- Soltero o casado?
- Soltero.
- es usted un hombre felíz, observó el oficial
- Sí. Siempre. Menos hoy, contestó Ambrose y se puso serio.

Dividimos la hoja de los teléfonos en cuatro y salimos a la calle. No se nos tomó declaración, no se nos procesó por nada, nunca estuvimos presos, nunca hemos sido apaleados. De acuerdo al comunicado del gobierno, sólo se trató de ciertos alumnos, los activistas de siempre, que obligaron a la policía a intervenir. A causa de esta intervención resultaron 14 ó 15 policías lesionados, internados en el hospital Churruca. Pobres. En este procedimiento, las únicas lesiones son las que se habrían hecho entre ellos, pero tampoco lo creo. Hay una versión según la cual algunos policías de civil que penetraron en la facultad fueron confundidos y apaleados. No lo creo. Si uno de ellos hubiese caído en la línea, no salía de allí así nomás. Creo que se trata de una mentira para hacer creer al público que los alumnos se habían apoderado de la facultad y atacaron a pedradas a la policía y los inocentes guardias de seguridad, obrando en defensa propia, los apalearon. Pero se trataba de alumnos activstas y no había allí ni graduados, ni consejeros, profesores o decanos. No estaba Ambrose. En cierta medida, no contaron con él. En la calle aparecen Herrera y el infatigable Batta. Ambrose se aleja a grandes zancadas hacia el centro, seguido por Jacovkis. García se queda con Castellanos para tramitar la libertad de los demás. 

Levitus, Grotewold y Flichman van a buscar el coche de éste, estacionado frente a la facultad, maldito sea. Voy con ellos. Mi costilla se queja, pero camino bien. Recorremos a pie las diez o doce cuadras. Son las tres de la mañana, Levitus y yo sugerimos que vaya Flichman solo a buscar el coche, no tenemos ganas de acercarnos a Perú. Pero vamos. Flichman se pone a limpiar el parabrisas e inicia diversos arreglos, estacionado frente a la Facultad. Los otros tres lo insultamos en todos los tonos para irnos de allí de una vez.

Arrancamos con el vidrio inmundo y con visibilidad casi nula, pero por fin nos alejamos y empezamos a recorrer la ciudad semidesierta, normal, en la cual parece no haber pasado nada. Lo llevamos al Gordo; Juan y yo nos tomamos el 60 en Plaza Italia. Este 60 está repleto, como siempre. A cualquier hora del día o de la noche. Ahora sí que mis costillas se quejan. Los barquinazos me resultan bastante dolorosos. Pero en el fondo es otro dolor que nos llena. Juan se pone a contar quién se va adónde.

- Parece que Trotman-Dickenson va a poder armar un grupo lindo en Aberystwyth. Eduardo también piensa ir allá.

Me imaagino a Trotman, veo a nuestra gente trabajando allí, no puedo soportarlo. Le pido a Juan que cambie de tema.  Pero no es tan fácil. He visto muy poca gente tan tozuda, como diría Giambiagi. Se baja en Vicente López y sigo solo. Son cerca de las cuatro. ¿ Qué hago al llegar a casa? Preferiría olvidarlo todo. No tener que revivirlo. No contar lo que pasó. Meterme en cama, dormir, olvidar. No ha pasado nada.

Pero ha pasado algo. Lo que se ha destruido en las últimas doce horas ya no podrá rehacerse más. Tardamos diez años en construir esta Facultad, costó muchos esfuerzos, muchos sacrificios y muchos millones de dólares. La gente joven nos apoyó con esperanza. Hemos podido avanzar durante uno, dos, tres años. Era cada vez menos difícil convencer a la gente. Pasamos la terrible inflación del 58, no se cómo. Pero perdimos alguna gente. Aguiló y Huguet, por ejemplo.

Superamos de alguna manera la dificultad de conseguir vivienda. Los muchachos consiguieron préstamos. Claro que no fue gratis. Se fueron Móttola, Mari, Toni y otros. Pero a pesar de todo, conseguimos seguir creciendo. Se armaron los grupos de investigación. Se consiguió el dinero para equipo. Se inauguró el primer edificio de la Ciudad Universitaria en Nuñez, para matemática y física. Nuestro prestigio fue creciendo. Volver al país era una cuestión de honor. La producción científica aumenta. Aumenta casi demasiado. El clima comienza a ser de una gran competencia. El gordo está en pleno boom. Publica, publica y publica. Toma sobre si la responsabilidad de cualitativa. Nos acusan de cientificistas.

Pudimos dictar cursos para profesores secundarios. Planeamos un Instituto Tecnológico para encarar el estudio de temas de interés nacional y para dar salida a nuestra producción de científicos. El edificio de química, en la ciudad universitaria, está a seis meses de su inauguración. Profesores visitantes de prestigio en el mundo, aceptan pasar largas temporadas con nosotros. No niego que yo mismo me asombré cuando Cotton aceptó venir por diez meses a Buenos Aires. Pero consultó con Maddock y vino. Y no se arrepintió, quería venir nuevamente, pero por un año entero. Comprendió nuestra lucha, comprendió con toda claridad en qué términos está planeada.

Bueno, así llegamos a 1966. Con las bases científicas y técnicas perfectamente establecidas para emprender la gran tarea de la segunda etapa: desarrollar la tecnología. Tenemos la gente, tenemos excelentes perspectivas de financiación, digo teníamos, teníamos.

Ahora Eduardo a Aberystwyth, el Gordo y todo su grupo a Chile, no se si volverá Leo, no hablemos de Guido, Negrotti, Razumney, Lugo, Mahoma y no sé cuántos más que están afuera. Los que están aquí se irán, los que están afuera no vuelven. Bueno. ¿Y el equipo? ¿Los cajones sin abrir que se van a amontonar en el pasillo?. Bueno ¿y Eudeba? En fin, aquí terminó una etapa, no sabemos qué pasará con la siguiente.

martes, 21 de junio de 2016

De Referéndums, Calendarios y Protestas

Por un par de semanas me encuentro en Glasgow, capital de Escocia. Dentro de dos días se realizará en el Reino Unido el referéndum que definirá la salida británica de la Comunidad Económica Europea. El llamado Brexit = Britain Exit, domina las discusiones en los medios de prensa y en las mesas del almuerzo.  En este momento nadie arriesga un pronóstico.

Se me preguntará que relación tiene el Brexit con la historia de la ciencia y la tecnología, objeto de este blog. Es que uno de los slogans de la campaña es "We want our country back" o sea, "Queremos nuestro país de vuelta".  La frase me explotó en la cabeza porque me recordó de otra polémica ocurrida en Inglaterra casi 300 años atrás, esta vez relacionada con el calendario.

Soy un fascinado por calendarios. Encuentro que en ellos se entrelazan de manera indistinguible, trazos de la ciencia racional (Astronomía en particular) y las tradiciones míticas y/o religiosas. Y  también cuestiones laborales y económicas.  Piensen si no, que la razón por la cual Julio Cesar pidio a Sosígenes la reforma del calendario romano, fue evitar la usura que cometían los bancos en su época al cobrar los intereses.  Así nació el Calendario Juliano. El Calendario Gregoriano nacería en 1582, un 15 de Octubre, viernes. No voy a entrar aquí en los detalles de su implementación, sólo diré que, mientras el Juliano tiene un año trópico promedio de 365,25 días el Gregoriano se aproxima un poco más al valor astronómico de 365,2422 días y tiene una longitud de 365,2425 días. Esa pequeña diferencia le permite mantener la sincronía con el Sol por más de 3.000 años.

El Calendario Gregoriano fue rapidamente adoptado por todos los países católicos de la época.  Los protestantes se negaron al cambio por algunos años.  Y es aquí donde se podrá entender la relación con el Brexit.  En 1750, Philip Stanhop, 4to Duque de Chesterfield, presentó un proyecto de ley en el Parlamento inglés, para alterar el calendario. Por medio de esa ley, el año comenzaría el día primero de Enero (en Inglaterra y sus Dominios comenzaba el 25 de Marzo, como en la Roma de César) y se ajustaría al sistema impuesto por el Papa Gregorio.

Tal como ocurrió en el Vaticano y demás estados católicos, la adaptación requirió la eliminación de varios días. En la Inglaterra de 1752, serían once.     Además, el año 1751, comenzado el 25 de Marzo, terminaría el 31 de Diciembre, completando apenas 282 días.  Las discusiones fueron muchas.  El pueblo exaltado salió a las calles gritando "Give us back our eleven days" ("Devuélvannos nuestros once días").  Chesterfield era whig (partido hoy inexistente) mientras que la campaña opositora sería organizada por los tories (Paradojas de la historia, David Cameron, miembro del partido Tory,  es contrario al Brexit). Voltaire diría : "los tontos preferían un calendario en desacuerdo con la naturaleza a uno de acuerdo con el Papa".  La Ley fue aprobada y el New Style adoptado en todos los países del Imperio Inglés.

Cuadro de W. Hogart. Convención whig. En el piso una
bandera negra tory tiene la inscripción famosa.
(Fuente: Wikipedia
Fue justamente la frase "Give us back our eleven days" la que me vino a la mente mientras leía las noticias sobre el Brexit: parece que una parte importante de la población grita ahora "give us back our Britain!".   La historia, como siempre, es más complicada. Historiadores modernos desmienten las protestas de 1752 y afirman que la versión se basa en interpretaciones exageradas de un cuadro satírico de 1755, donde se puede ver una reunión de whigs antes de una elección de 1754, en el piso una bandera tory robada en la que se lee la famosa frase, y a través de las ventanas se ven manifestantes tories indignados.

Hay varias historias ligadas al cambio del Calendario en Inglaterra. Un hombre apostó que sería capaz de bailar por 12 días.  Así que comenzó el 2 de Septiembre de 1752 y terminó el 14 de Septiembre... exactamente cuando fue instaurado el  New Style y se eliminaron los 11 días intermedios. Obviamente danzó unas 12 horas seguidas nomás, pero ganó la apuesta.

También encontré porqué el año fiscal británico comienza el 6 de Abril. Originalmente el año calendario comenzaba el 25 de Marzo. La Corona decidió que no iría a perder 11 de días de impuestos (!!), y alargó el período hasta el 5 de Abril. Por último, una nueva corrección fue adicionada en 1800, año que en el New Style no es bisiesto.

Como dije más arriba, los calendarios son fascinantes.  Como la Historia.  Me pregunto, si llega a ganar el Brexit, los británicos harán un nuevo referéndum para volver al Old Style y recuperar sus 11 días!?    


martes, 10 de mayo de 2016

Sobre el tránsito de Mercurio

Imagen del Sol obtenida con filtro Ultra Violeta
el 9 de mayo de 2016 a las 11:25:44 UTC por el
telescopio AIA a bordo del Solar Dynamics Observer
de NASA. El pequeño círculo negro, en el borde izquierdo,
es Mercurio. 
El 9 de mayo de 2016 el planeta Mercurio atravesó el disco solar. El evento fue registrado por telescopios en Tierra por todo el mundo, y por telescopios solares a bordo de satélites. La Web fue el vehículo principal para distribuir la noticia. Como todo evento astronómico, a pesar de recurrente y previsible, siempre acapara la atención.  Hay una fascinación todavía naïve (primitiva?) en nuestro placer por saber que algo, cuyo control nos escapa,  irá a ocurrir y verlo realizarse frente a nuestros ojos.  En el pasado, no tan remoto al fin, la trascendencia de las previsiones astronómicas parece haber sido aún mayor.

Carlomagno falleció el 28 de enero de 814,  años más tarde un monje del monasterio de Saint Cybard d'Angoulême describiría los fenómenos celestes que precedieron a la muerte de tan magno Rey, entre ellos
El 17 de marzo de 807 la estrella de Mercurio fue vista como una pequeña mancha apenas por encima del centro del Sol, y fue observada por nosotros por ocho días.

Más allá de que el presagio ocurrió 7 años antes de la muerte del Rey, la descripción no puede menos que estar equivocada, ya que el tránsito de Mercurio dura menos de un día.  Si es que el monje pudo acompañar al objeto visible por ocho lo más probable es que se tratara de una mancha.  Es más, dado el pequeñísimo tamaño de Mercurio, es imposible distinguirlo sin ayuda de instrumentos ópticos.
Johannes Kepler, astrónomo y matemático alemán
(1571 - 1630)

Siglos más tarde, la misma equivocaicón la repite nada menos de Johannes Kepler. Estudioso de la historia, Kepler conocía el texto anterior, aunque tuvo que alterarlo para poder darle una explicación racional: en vez de ocho días, él reescribió ocho veces.   Hoy podría considerarse un fraude hacer esto, pero tratándose de libros impresos antes de la imprenta de tipos móviles de Gutenberg, realizados por copistas que muchas veces debían copiar textos dañados o que les resultaban ininteligibles, este tipo de análisis del significado, como hace Kepler, era común.  En latín la diferencia es menor: de octo dies  para octoties.

Kepler calculó que Mercurio pasaría sobre la superficie del Sol el 28 de mayo de 1607 y se preparó para observarlo.  Construyó una especie de cámara ocura, abriendo un pequeño orificio en el ático de su casa, y proyectó la imagen del Sol en una hoja de papel.  Sobre la imagen brillante de 2,5 cm vio una pequeña mancha negra que consideró ser Mercurio.  Como testigo de su visión puso al rector de la Universidad de Praga. Repitió la experiencia en casa del relojero imperial Jost Bürgi, esta vez produciendo una imagen del disco solar de casi 5 cm de diámetro, y observando nuevamente la mancha oscura. Por último, preguntó a un discípulo de Tycho Brahe si había notado algo en la superficie del Sol en los días previos.  El estudiante respondió que creía haber visto algo en el borde pero que no podía afirmarlo ya que había quedado cegado por la luz solar.  Kepler consideró entonces que nada había sido observado los días previos; y con estas experiencias y testimonios se convenció de haber observado un tránsito de Mercurio.  La importancia de la observación radicaba en la posibilidad de mejorar la determinación de la órbita del planeta. En la época pre-telescópica, Mercurio sólo podía observarse en los extremos de su órbita,  disminuyendo la calidad de los parámetros obtenidos.

Lamentablemente a Kepler no se le ocurrió mirar al día siguiente con su cámara oscura. Es muy probable que hubiese encontrado la mancha nuevamente. Mercurio proyecta sobre el Sol un disco de 12", considerando que la acuidad del ojo humano es de aproximadamente 30", concluimos que es imposible observarlo sin ayuda de un instrumento óptico (al atardecer, Mercurio es observado porque su brillo es mayor que el del cielo nocturno). Pero esto no lo sabía Kepler, ya que desconocía el tamaño y distancia  del planeta. Kepler estaba observando una mancha solar bastante grande por cierto.

Más aún,  podemos calcular si en aquella fecha hubo un tránsito de Mercurio o no. Por ejemplo usando  Stellarium , verificaremos que aunque Mercurio se mantuvo próximo del Sol, no pasó por encima de su disco.  Como segunda comprobación, podemos usar un programa porofesional, usado por astrónomos y disponible en la Web.  Horizons  arrojó conclusiones similares: Mercurio paseó aquel día de 1607 por fuera del Sol, a más de cinco grados de distancia, es decir, a 10 soles del Sol (el Sol tiene un diámetro de aproximadamente medio grado).  Por último, en esta tabla la NASA resume los tránsitos del planeta desde 1601 hasta el año 2291.

Como transfondo de estas discusiones está el Modelo Aristotélico del Cielo.  Inmaculado y perfecto, una mancha sobre la superficie del Sol significaría mezcla, variación, perennidad, todo aquello que lo aleja de la perfección.  Aunque Kepler había adscripto al Modelo Copernicano,  seguía influenciado por el paradigma aristotélico y ni se le ocurrió la posibilidad de que el Sol fuese imperfecto en su superficie. Paradojicamente, el mismo año de 1607 tres holandeses,  Hans Lippershey, Zacharias Janssen y Jacob Metius, ponían en prática un sistema de lentes que aumentaba el tamaño aparente de los objetos observados. Este instrumento viajó hasta Italia y en 1609 sería usado por Galileo para observar Júpiter y la Luna y en 1610 al mismo Sol.
Órbitas de la Tierra y Mercurio en torno al Sol.
Obtenido del portal de la ESO  el 10 de mayo de 2016

Kepler no cejó en sus intentos por observar Mercurio transitando al Sol, y predijo un nuevo episodio para el 7 de noviembre de 1631. El infortunio otra vez lo traicionó, ya que murió un año antes, el 15 de noviembre de 1630, sin ver coronado su esfuerzo, porque esta vez el cálculo estaba correcto y fue atestiguado por varios astrónomos en Europa, entre ellos Pierre Gassendi, tal vez el primer ser humano a ver el pequeño punto oscuro de Mercurio sobreponerse al vibrante fondo solar.

La historia de las ideas científicas está llena de confusiones similares a las que relatamos aquí.  A lo largo del camino, a veces errático,  vamos tirando el velo  que nos permite comprender al Universo.


Referencias
On Sunspots, de Eileen Reeves y Albert van Helden. University of Chicago Press (2010)

viernes, 13 de marzo de 2015

Florentino Ameghino

Florentino Ameghino
"No entraremos aquí en la discusión acerca del año de nacimiento de Florentino Ameghino: sea el 1853 en Italia o el 1854 en la Argentina, apenas puede negarse su carácter de científico argentino.

"Argentino fue el niño que recogía huesos en las barrancas de Luján, mientras cursaba las primeras letras bajo el ala protectora de un buen maestro que lo trajo a Buenos Aires para que ingresara en la escuela normal. Argentino fue el adolescente que al cursar su carrera, que por circunstancias ajenas hizo a medias, visitó el Museo [de Ciencias Naturales, de Buenos Aires, hoy llamado Bernardino Rivadavia] y conoció sus colecciones. Y argentino fue el joven que en Mercedes, como maestro y luego director de escuela, emprendió durante nueve meses 'el estudio de los terrenos de la pampa haciendo numerosas colecciones de fósiles e investigaciones geológicas y paleontológicas que demostraron la existencia del hombre fósil en la Argentina'.

"En 1875 Ameghino hizo conocer sus primeras especies nuevas, mientras que en ese año y en el siguiente se presenta en los concursos de la Sociedad Científica con siete cajas de fósiles y una monografía sobre el cuaternario. Pero la preocupación de los hombres de la Científica de entonces era el progreso material del país y el aprovechamiento de sus materias primas, y no fósiles o discusiones sobre el cuaternario. El hecho es que sus fósiles merecieron la última de las catorce menciones honoríficas y la memoria no fue aceptada.

"Tres años después Ameghino fue a Europa con su ya abundante colección, que presentó en la Exposición Internacional de París. Su estada en Europa fue fructífera; siguió cursos, visitó museos, se relacionó y conoció sabios, publicó La Antigüedad del Hombre en el Plata (1880-1881) y, en colaboración con Gervais, Los Mamíferos Fósiles en la América Meridional (1880), más tarde traducido al francés.

"En 1881 regresó al país, instalando el año siguiente en Buenos Aires una librería de nombre significativo y ya famoso, la librería del 'Glyptodón'. En 1884, año en que escribe Filogenia, la universidad cordobesa le ofrece una cátedra de zoología que aceptó, residiendo un par de años en Córdoba, que aprovechó para estudiar la geología y paleontología de la región y para publicar numerosas memorias en las publicaciones de la Academia. Así llenará él solo el Tomo VII de las Actas, de 1889, con su monumental Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina, que fue premiada en la Exposición Universal de Buenos Aires.
Francisco Moreno

"En 1886 Moreno [Francisco P. Moreno] designó a Ameghino secretario-vicedirector del Museo de La Plata, encargándole la sección de paleontología, que Ameghino enriqueció con sus colecciones. Pero la permanencia de Ameghino en el Museo fue breve, aunque quedó (sic) sin embargo en La Plata, donde volvió a instalar una librería. Y si en 1892 no ocupó la dirección del Museo de Buenos Aires fue porque en cierto sentido ya Burmeister había designado su sucesor en la persona de Berg. Pero lo que no ocurrió en 1892, ocurrió en 1902, pues al fallecer Berg, Ameghino, profesor en ese mismo año de mineralogía y geología en La Plata, es designado director del Museo, a cuyo frente estuvo hasta su muerte en 1911.

"Al hablar de la obra de Florentino Ameghino no puede dejar de mencionarse a su hermano Carlos Ameghino (1865-1936), que fue su eficaz colaborador, recorriendo la Patagonia y enviando datos y minerales al hermano para su estudio e interpretación. Carlos formó parte del personal del Museo, [de Buenos Aires] que dirigió interinamente entre 1917 y 1923.

"La obra científica de Ameghino comprende dos aspectos. Por un lado está la labor descriptiva del geólogo y sobre todo del paleontólogo, de valor perenne e indestructible. Casi el ochenta por ciento de las especies de mamíferos fósiles que describió en su obra de 1889 son descubrimientos propios. Con la labor de los Ameghino y de Hermann von Ihering (1850-1930), fundador y director del Museo Paulista, a quien Ameghino confió el estudio de los invertebrados fósiles de sus colecciones, la paleontología argentina realizó progresos fundamentales.

"El otro aspecto de la obra de Ameghino está representada por las bases teóricas sobre las que estructuró sus descubrimientos y observaciones y por los fundamentos filosóficos de esas bases.

"Esos fundamentos filosóficos, sintetizados en Mi Credo y en Los Cuatro Infinitos, pudieron ser el resultado de su formación de autodidacto o un fruto de la época, pero aquellas bases teóricas son de un innegable valor científico. Es sabido que la tesis que sustentó Ameghino, y por la cual luchó toda su vida, consiste en suponer un origen americano para el hombre y que el suelo argentino, o algún territorio cercano a él, fue la cuna de la especie humana. Al servicio de esta doctrina antropológica Ameghino puso todos sus hallazgos paleontológicos y sus interpretaciones de carácter geológico y estratigráfico. Esta doctrina implicaba la adhesión a la teoría de la evolución, aún no aceptada entonces por todos los naturalistas. Y Ameghino fue evolucionista, transformista como entonces se decía, apasionadamente transformista.

Fuente (fragmento)
"Ameghino fue más que eso: un sabio auténtico, por el valor de sus investigaciones científicas, por su fe en una teoría revolucionaria que previó duradera y fecunda, por la audacia y vuelo de sus doctrinas, por su adhesión vital, en cuerpo y alma, a la ciencia."

Tomado de:
José Babini, La Ciencia en La Argentina, Eudeba, 1963.

jueves, 31 de octubre de 2013

"Nada es veneno, todo es veneno. Al veneno no lo hace la sustancia sino la dosis", Paracelso

Se cree que nació un 1ro. de noviembre de 1493, en Suiza, pero algunas fuentes señalan que fue el 10 y otras el 11 de noviembre- Le pusieron por nombre  Theofrast Bombast von Hohenheim y no se conoce mucho sobre sus primeros años. Algunos dicen que estudió  medicina en la Universidad de Viena y otros en la de Ferrara. Una vez recibido, y como era costumbre entre los intelectuales europeos del Renacimiento, comenzó una serie de viajes de estudios por las principales universidades del continente, comprando libros y estudiando con los grandes maestros. 

Finalmente se estableció en Basilea, donde consiguió una cátedra para enseñar en la Universidad. Se interesó sobre todo en la mineralogía y sus aplicaciones alquímicas, llegando a dominar con gran destreza el preparado de fórmulas. Como parte del ritual alquímico, cambió su nombre por el de Paracelso, en homenaje al médico romano Celso Aulio Cornelio, conocido como el Cicerón de la medicina o el Hipócrates latino, autor de un compendio de medicina, titulado "De re médica".

En esa época, la filosofía, la alquimia y la teología constituían los fundamentos científicos médicos aceptados por la comunidad académica. Del mismo modo, los principales tratados de medicina procedían de los autores clásicos como Hipócrates, Galeno y Avicena, a los que von Hohenheim criticó enfáticamente.

En efecto, la creencia de los escolásticos, basados en los escritos del griego Galeno, suponían que las enfermedades eran producto del "desequilibrio de los humores corporales". De este modo, los tratamientos más frecuentes eran las sangrías y las purgas, a los que se les atribuía la facultad de purificar la sangre del paciente, supuestamente contaminada por el desequilibrio de los fluidos.


En sus escritos, Paracelso expone el concepto de la experiencia como vehículo de comprensión de los fenómenos, concibiendo al individuo como una porción del universo en la que confluyen todas las fuerzas elementales que en él operan. Según sus escritos, la medicina debía servirse de la filosofía, la astronomía, la religión y, sobre todo la alquimia, ya que si Dios había creado la enfermedad, también habría dispuesto el medicamento, siendo labor del alquimista su hallazgo.

Paracelso se ganó muchos enemigos entre las celebridades de la medicina al expresar sus teorías de que la enfermedad se producía por agentes externos al organismo. Con sus conocimientos de alquimia, desarrolló diversos medicamentos basados en compuestos minerales, a los que atribuía facultades para defender al cuerpo del agente extraño. 

De este modo, fundamentándose en los axiomas alquimistas, desechó la idea de los cuatro elementos y los cuatro humores orgánicos, y formuló una teoría dinámica del cuerpo humano. Sus tratamientos utilizaban las sustancias alquímicas tradicionales: el mercurio, el azufre, la sal y el
"arqueo" (una fuerza vital con la capacidad de "ordenar" el cuerpo), a los que usó con cierto grado de éxito para tratar la sífilis y el bocio. Sin embargo, sus colegas ejercieron la influencia suficiente para que fuera expulsado de la universidad.

A su muerte, en 1541, su obra apenas tuvo repercusión. Aunque en ellos habían elementos tomados de la magia, su discurso se mostraba en abierta rebelión contra los antiguos preceptos de la medicina, impulsando un método más “científico”, si se me permite el anacronismo. Pero unos treinta años después de la muerte de Paracelso, se inició en Alemania un movimiento paracelsista, que muy pronto se extendió a toda Europa. Sus obras fueron reeditadas varias veces, en alemán y latín, y más tarde fueron traducidas a otros idiomas. 

"Así como nadie puede conocer en un espejo su propia naturaleza y penetrar en aquello que es (puesto que en el espejo no es más que una imagen muerta), de igual modo el hombre no es nada en sí mismo y nada contiene en sí mismo sino aquello que se deriva del conocimiento exterior, de lo cual él es la imagen en el espejo. ¿No debe, pues, el médico impulsar más lejos y más a fondo su investigación, sin limitarse a contemplar en el espejo de su enfermo algo que habla sin que se comprenda nada, dado que aquello que el hombre dice, su voz y su lengua, son datos imprecisos? El médico debe conocer totalmente y con asiduidad el microcosmos mediante la intermediación de la naturaleza de la que aquel ha nacido" dice en su "Fragmenta Medica".

Daniel Comandé 
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jueves, 4 de octubre de 2012

La FCEyN en el ´73

Tapa de la rev Antropología del tercer Mundo, 1973

¿Existe una forma radicalmente distinta de orientar la ciencia?  ¿Se puede dar un golpe de timón y poner la ciencia “al servicio del pueblo”?

Hace un tiempo,  Renato Dagnino daba cuenta de una estrategia distinta para la actividad científica

Proponía que todos los recursos de la ciencia se orientaran a la resolución de problemas urgentes. Seguía los caminos de Varsavsky quien alertaba  sobre el peligro del cientificismo, que según Varsavsky  " es la actitud del que, por progresar en esta carrera científica, olvida sus deberes sociales hacía su país y hacia los que saben menos que él."

Pero en 1973, en un clima de ideas que se permitió pensar una sociedad distinta, la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, que pasó a denominarse Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires (UNPBA) ensayó algunos cambios.

Para diseñar y llevar a cabo políticas que acercaran la ciencia a las necesidades sociales se creó la Secretaría de Investigación. Eran tiempos del rectorado de Rodolfo Puiggrós y el decanato de Miguel Ángel Virasoro.  

Siguiendo las ideas de Paulo Freire, se impulsaron innovaciones pedagógicas radicales. Dentro del aula había que volver a configurar los roles de estudiantes y docentes. 

La experiencia continuó con sobresaltos después de la renuncia de Cámpora, pero no sobrevivió a la muerte de Perón.  Llegó la intervención Ottalagano y con él, el geólogo Zardini retomó al decanato de la Facultad como ya lo había hecho en tiempos de Onganía y Lanusse. 

C.B.

La FCEyN en el ´73 es el tema que tratamos en el boletín del Programa de Historia de la FCEyN, qe se puede consultar en la Biblioteca Digital de la FCEyN

viernes, 20 de julio de 2012

Marconi, famoso como Steve Jobs y además con un Nobel



El 20 de julio de 1937, la sorpresiva noticia de la muerte del Premio Nobel Guglielmo Marconi conmovió a millones de personas. Como muy pocos científicos y tecnólogos, Marconi alcanzó en vida el reconocimiento de los habitantes de un mundo que empezaba a vincularse por medio de las comunicaciones inalámbricas.

Guglielmo Marconi nació en Boloña, Italia, el 25 de abril de 1874. Hijo de un poderoso terrateniente de Bagni Porreta y una irlandesa que había viajado a Boloña para estudiar música, Guglielmo recibió una educación poco convencional: hablaba sin dificultad las lenguas de sus padres y su educación formal se limitó a algunos importantes institutos florentinos, a donde el joven Marconi acudía sólo a las materias que eran de su interés.

De hecho, los viajes a Florencia comenzaron siendo un imperativo familiar para escapar de los fríos inviernos de Boloña, pero le permitieron ponerse en contacto con ciertos problemas que cautivaron su atención.
Durante el siglo XIX los estudios sobre la electricidad, el magnetismo y el electromagnetismo habían convocado a teóricos como Maxwell o Hertz, a mentes experimentales como Faraday y a personalidades capaces de ver que se estaba cultivando una revolución tecnológica de la magnitud producida por las máquinas a vapor.

En 1844 Morse había desarrollado un lenguaje para aprovechar las señales eléctricas y en 1876 Bell había logrado trasmitir su voz por un conductor eléctrico. Cables y más cables unían a los centros económicamente desarrollados. Dos empresas competían por unir a New York con Londres, una cruzando el Atlántico con un cable submarino mientras que la otra buscaba un camino por tierra firme atravesando Europa, Siberia, un pequeño salto por el estrecho de Bering y de allí directo a New York. Cada nuevo desarrollo científico abría un sendero para la explotación comercial y generaba nuevos problemas científicos y tecnológicos que ponían a prueba el talento de esas generaciones que a finales del siglo buscaba comunicarse sin necesidad de cables.

En 1894 Marconi ha cumplido 20 años y lleva una vida plácida, con muchas inquietudes intelectuales y ninguna acreditación académica. En su confortable villa veraniega ha reproducido muchas de las experiencias que
ha leído y se dispone a llevar a cabo una demostración que lleva la marca de una nueva era: desde el tercer piso de la casa, sin que ningún conductor lo conectara con las instalaciones de la casa, hizo sonar el timbre que se encontraba en la puerta de entrada. Asombrado, papá Marconi respondió con un cheque de 5000 liras para apoyar a su hijo en la dirección emprendida.

Con la primavera de 1895 los Marconi volvieron a reunirse en el campo pero esta vez Guglielmo trajo importantes novedades. Alexandr Stepánovich Popov, un físico e ingeniero ruso que estudiaba la emisión natural de señales eléctricas en la atmósfera buscando una pista para predecir tormentas -trabajo con el cual se ganaba sus merecidos rublos en la armada del Zar- construyó un dispositivo que mejoraba la recepción de las señales electromagnéticas.

Con un oscilador como el desarrollado por Hertz y una antena de Popov y los aportes introducidos por el inglés Oliver Lodge y el francés Edouard Branly, quienes desarrollaron un detector de ondas llamado por entonces "cohesor", Marconi se dispuso a trasmitir señales más allá de los confines de su casa. A una distancia de dos kilómetros, colina mediante,
se instaló su hermano con un receptor, una pomposa antena y su fusil.
Desde la casa, Guglielmo emitió los tres puntos que en el código morse representan la letra "S" y esperó unos instantes. Los disparos del otro lado de la colina dieron cuenta del éxito de la prueba.

Sin embargo, ni los empresarios ni el gobierno italiano compartieron el entusiasmo de la familia Marconi y Guglielmo decidió trasladarse a Inglaterra donde en la aduana es demorado por los empleados que consideraron "peligrosos" a ese conjunto de objetos extraños (que otra cosa podían esperar los ingleses de un italiano de madre irlandesa ...)

En 1896, su aparato fue patentado en Inglaterra, con varias mejoras introducidas, que le permitieron ya de vuelta en Italia, establecer contacto con un buque de guerra, alejado más de diez millas de la costa.
Este fue el comienzo de una serie de mejoras introducidas a su diseño, que le permitieron, más tarde, llevar a cabo una comunicación radiotelegráfica entre Francia e Inglaterra y luego, enviar señales desde Europa a América.

Siempre atento a las novedades en el campo científico, Marconi impulsó permanentemente innovaciones tecnológicas en sus equipos logrando aumentar de a poco la distancia de la transmisión y la calidad de la recepción. Descubrió también, que si conectaba a tierra uno de los extremos del transmisor, y el otro extremo a una varilla larga, entonces las ondas parecían ser guiadas. Así luego pudo demostrar que la curvatura de la superficie terrestre no constituía ningún obstáculo para el nuevo telégrafo. También alcanzó transmisiones a distancias récord.

Para ese entonces, su invento había alcanzado tal grado de desarrollo, que ya estaba universalmente instituido como forma de comunicación en todos los barcos y para comunicación intercontinental. Para optimizar sus ganancias, fundó la empresa Marconi´s Wireless Telegraph and Signal Company Ltd.

La empresa contó permanentemente con financiamiento para investigaciones explorando senderos que luego estuvieron en el centro del desarrollo electrónico del siglo XX. En 1904 John Fleming, uno de los primeros colaboradores de Marconi en Inglaterra desarrolla la lámpara termoiónica que un par de años después Lee Forest, también de la Marconi´s Wireless, utilizará para su lámpara triódica, protagonista de los circuitos electróicos hasta la llegada de los semiconductores.

Marconi en Buenos Aires


Marconi en Caras y Caretas, 1910
En 1910, Buenos Aires recibía celebridades de todos los rincones
del mundo para el festejo del primer centenario de la Revolución de Mayo.

Por entonces Marconi ya era una celebridad indiscutida, una suerte de mago que había podido llevar los puntos y rayas del lenguaje Morse y luego la voz humana atravesando distancias impensadas. En 1909 recibió el
Premio Nobel de Física junto a Karl Braum, el inventor del osciloscopio, y una interminable lista de universidades competían por doctorarlo.

Asi fue que en septiembre de 1910, cuando Marconi llega al puerto porteño, es un acontecimiento de múltiples dimensiones. Marconi llegó acompañado de un equipo de colaboradores fuertemente pertrechado con las nuevas tecnologías. En el viaje no se privaron de otra demostración espectacular, de esas que siempre acompañaron a Marconi: desde el teatro neoyorquino donde cantaba el célebre tenor Enrico Caruso se trasmitió el concierto que pudieron escuchar la tripulación que marchaba a Buenos Aires.

Por cierto que las intenciones de Marconi no eran meramente protocolares. En 1908, en la localidad bonaerense de Bernal, se fundó la Compañía de Telegrafía Inalámbrica Marconi. Gerenciada por un grupo de conciudadanos del inventor, montaron dos enormes torres de 60 metros de altura, sin poder llegar a trasmitir atrapados en dificultades técnicas. Marconi llegó para darle personalmente un empujón a las comunicaciones en este rincón el planeta.

Tal como hicieron con las primeras pruebas, conectaron a un gigantesco barrilete utilizado como antena en la primera experiencia exitosa de comunicación que hizo Marconi desde Bernal "Los pasajeros del tren se aglomeraban junto a las ventanillas, fascinados por las evoluciones
de un enorme y extraño barrilete que lentamente ganaba altura desde unos elevados terrenos junto a las vías; contra lo que pudiera creerse, los niños miraban desde lejos y un grupo de hombres, comandaban y seguían los movimientos del ingenio volante -señala un cronista de la época-.
Paulatinamente, los habitantes de la zona se acercaban a presenciar el raro espectáculo sin comprender muy bien de qué se trataba... El barrilete llevaba en su cola algunos aparatos y además de su hilo de remontar, colgaban otros hilos y alambres... Alguien dijo que entre los hombres del barrilete había un joven científico italiano, que intentaba comunicarse con el resto del mundo usando sólo esas cajas y el barrilete. ¡Vaya el progreso!"

El éxito de la prueba, que constituyeron las primeras comunicaciones radiotelegráficas con Estados Unidos e Irlanda, conmovieron hasta la idolatría a la sociedad porteña. La influencia de Marconi y todo lo relacionado con él avanzaba, incluso, sobre el terreno culinario: cuando el Nobel italiano preguntó la razón de las "Chauchas a la Marconi"  que figuraban en la carta de un restaurante, la respuesta fue "que se trataba de chauchas sin hilos".

En años posteriores obtuvo numerosas patentes, basándose siempre en los mismos principios de las ondas electromagnéticas: un detector de campo magnético, una antena y un generador de ondas continuas. Además, comenzó a estudiar sistemáticamente las ondas cortas y su propagación. Con la llegada de la Gran Guerra, Marconi utilizó la onda corta para la transmisión de mensajes secretos.

Muy aficionado a las demostraciones espectaculares, en 1930 Marconi encendió las luces del Palacio de Justicia de Sydney mientras se encontraba en Génova, en su yate "Electra", que desde 1919 se había transformado en su principal residencia.

Para cuando falleció, el 20 de julio de 1937, en Roma, no solo era inmensamente rico, sino que además, tenía la certeza de que la capacidad transformadora de su obra revolucionaria no había concluido.

En 1999, su empresa estuvo a punto de rematar en una subasta pública el archivo personal de Marconi, que contenía apuntes, prototipos y otros documentos del inventor italiano. La empresa había llegado a un acuerdo con la más célebre y refinada casa de remates (Christie´s, de Londres), poniendo la base del remate en U$S 5 millones. Finalmente, se decidió donarlo al Museo de Ciencias británico, donde se conservan actualmente.


Carlos Borches





Marconi en el Río de la Plata